Los inmigrantes ilegales se quedan en Ceuta indefinidamente

Publicado: 28 ago 2026 - 04:40
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Conviene tener presente un hecho: el rey de Marruecos, Mohamed VI, es el jefe espiritual de su pueblo. Según los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE), a comienzos de 2025, 1.165.955 personas nacidas en Marruecos vivían en España. Esto representa el 12,4 % del conjunto de los residentes nacidos en el extranjero. En diez años, su número ha aumentado un 59 %, pasando de 733.611 en 2015 a más de 1,16 millones en 2025. Y repetidamente se ha advertido a esta población que deben considerarse para de un “lobby” que defienda el propio interés de su país. Y hasta el colmo, mujeres marroquíes que perciben ayuda social en España quieren poder viajar de vacaciones a su país con ese respaldo de nuestros contribuyentes. Y Ceuta ya ha sobrepasado el límite y el estallido toma ya diversas formas. Aparte del testimonio de hace unos días de un delincuente común magrebí, quien, tras residir algún tiempo en Barcelona, en el Raval, fue expulsado de España, y que es uno de tantos delincuentes retornado, que anunciaba su propósito de volver a instalarse aquí, hay otros que desafían al Estado español de la misma manera. Otro de estos personajes anunciaba que por tener familia en España se iba a venir a la península de un modo u otro, sin que nadie lo iba a parar.

Y ahora la gran pregunta: ¿quién dice la verdad y cuál es la versión oficial del Gobierno con respecto a su propia responsabilidad en la invasión de Ceuta? ¿Miente la señora Robles o miente Marlaska? Si el CNI cumplió su misión, como dice la ministra de Defensa, quien ya vaticinara que nunca volvería a pasar lo de 2021, ¿por qué no se tomaron medidas? Marlaska dice que no se sabía nada y que hay hechos que se producen de modo inesperado, sin que nadie tenga responsabilidad por lo ocurrido? ¡Nadie!

El Gobierno del veraneante en la Mareta no actuó porque esperaba que el conflicto se resolviera solo

El Gobierno del veraneante en la Mareta no actuó porque esperaba que el conflicto se resolviera solo y con buenas palabras y que los ochenta mil invasores volvieran pacífica y ordenadamente a Marruecos, pero le fallaron los cálculos y se quedaron unos diez mil y ni sabe. Entre ellos más de dos mil menores, cuyos padres no los reclaman, sino que prefieren que los acoja y eduque España, una vez que el Gobierno los reparta por la península. Y la prueba más evidente que, pese a la inicial petición del gobierno de Ceuta y la situación real, tras una serie de visitas sin contenido real de varias ministras y un par de ministros, el Gobierno de progreso del doctor Sánchez tardó casi un mes en declarar el Estado de Emergencia y nombrar a un responsable único de resolverlo. Pero el presidente de Ceuta Juan Jesús Vivas dice que sigue sin haber horizonte, un plan concreto, y que la solución pasa por que los que invadieron la ciudad vuelvan al lugar del que vinieron. Y que no van a permitir que se usen los polideportivos, como disponer el Gobierno para alojar inmigrantes.

Hay una evidencia que debemos aceptar. De momento: la mayoría de los inmigrantes que ocupan los improvisados albergues y los espacios públicos se quedarán en Ceuta. Y, en el mejor de los casos, que esa estancia se prolongará hasta diciembre. Y aparte se irán repartiendo a los menores por la península. ¿Pero es que somos un país de idiotas? Primero, que en estos momentos hay ni se sabe cuántas personas con órdenes de expulsión anteriores no cumplidas (como se descubre cuando alguna de ellas comete un delito grave como una violación). O sea, que ya veremos a cuántos de estos se dispone que vuelvan al otro lado de la frontera. ¿Es que no conocemos la experiencia del modo en que Marruecos acepta esas devoluciones con respecto a la personalidad de sus propios ciudadanos indocumentados?

¿Somos los españoles conscientes de que estamos ante una crisis de la propia capacidad del Estado para preservar y mantener su territorio y asegurar a la población el ejercicio de desarrollar su propia vida ordinaria en paz y sosiego? Lo que ocurre en Ceuta, aparte del hecho mismo de la invasión, es un ensayo, una prueba que demuestra que lo que ya sucedió dos veces, en 2021 y ahora, puede volver a ocurrir en cualquier momento. Los testimonios de la población son desoladores y los efectos económicos tan evidentes como catastróficos. El daño concreto en la economía, en la vida cotidiana, es un efecto más del objetivo final estratégico de Marruecos. Arruinar la vida social y económica de Ceuta es y ha sido siempre un arma de guerra.

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