El insulto del 12 de octubre

DÍAS Y COPLAS

Publicado: 15 oct 2026 - 07:10
Pilar Falcón
Pilar Falcón | La Región

El desfile del 12 de octubre nos ha dejado un nuevo título nobiliario sonando como insulto, porque si usted cree que llamar hijo de puta es moderno, es que no ha leído “El Quijote”. Cervantes, que era gallego de alma, aunque nacido en Alcalá -que nos perdonen los madrileños-, usó la expresión unas dieciséis veces en “El Quijote”. Y no lo censuró nadie. Escribía hideputa todo junto, como un título nobiliario. Y atención, en “El Quijote”, hideputa casi nunca es un insulto a la madre. Es todo lo contrario. Cuando Sancho ve a Dulcinea y suelta “¡Hideputa, qué rejo que tiene!”, no está haciendo un informe sobre la madre de Dulcinea. Está diciendo que es el no va más de guapa. Es un piropo barroco. Un ¡madre mía! del Siglo de Oro.

Cervantes nos enseñó tres hideputa. Primero, el hideputa admirativo cuando dice Sancho: “¡Hideputa puto el que nos ha echado a perder!”. Que traducido viene a decir qué tío más listo y más cabrón, con cariño. El segundo hideputa es como superlativo. En el siglo XVII, decir hideputa era como decir “muy”: muy valiente, muy astuto, muy hijo de puta, pero en plan bien. Era el muy de los canallas con estilo. Y el tercero está con el hideputa sin madre. Quevedo, contemporáneo, dejó claro que hijo de puta ya no describe filiación, describe condición. Es un estado del alma, no del Registro Civil.

Por eso, los gritos oídos en el desfile militar recién aparecido el presidente del Gobierno vienen a recuperar la tradición cervantina.

Según eso, debemos traducir por bellaco, socarrón, puto, gafo y meón, que eran insultos con denominación de origen. Mentecato, follón y malandrín. Pero como ya no hablamos cervantino y domina el hacer economía del lenguaje, lo resumimos en hijo de puta. Así que no se ofenda la madre del presidente español. Si Cervantes levantara la cabeza y viera que creemos que cada vez que decimos hijo de puta estamos citando a la madre, nos llamaría a nosotros hideputas. Y con razón, porque cuando lo decimos no estamos haciendo un estudio genealógico de la familia, no se ha revisado el Registro Civil y no hay el más mínimo interés en la vida sentimental que aguantó a la criatura.

La RAE dice que hijo de puta es “mala persona”

La RAE dice que hijo de puta es “mala persona”. Punto. No dice “hijo de señora que ejerce”. El idioma ha hecho el milagro de separar la puta de la madre. Es más, es una expresión no inclusiva. Se puede ser hijo de puta sin necesidad de madre. Es una categoría metafísica. Hay hijos de puta huérfanos, hijos de puta con madre catedrática, hijos de puta con madre santa. La madre es irrelevante en la ecuación. El castellano es rico. Pero no es el caso. El objetivo eres tú, no ella. Ella, pobre, bastante tiene con haberte criado y que ahora tenga que ir por la calle y que la gente piense que la están mencionando en vano cada vez que hay lío de hijos.

Así que, lejos de la denigración de la mujer. La próxima vez que oigamos hijo de puta, tomémoslo como lo que es, un reconocimiento al esfuerzo personal, a lo conseguido en soledad, sin ayuda de la madre. Lo importante es lo que se esconde detrás lo que se calla, pero las palabras son la puerta a lo que visibilizan lo oculto. El “don hijo de la puta”, pronunciado por don Quijote a Ginés de Pasamonte en el episodio de los galeotes, lo dice todo: “Pues voto a tal -dijo don Quijote, ya puesto en cólera-, don hijo de la puta, don Ginesillo de Paropillo, o como os llamáis, que habéis de ir vos solo, rabo entre piernas, con toda la cadena a cuestas”.

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