La inteligencia militar y los bares de la calle Villar

HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL

Publicado: 15 abr 2025 - 05:25 Actualizado: 15 abr 2025 - 09:30
Calle Villar.
Calle Villar. | Foto: Reza

En aquellos años que evoco aquí con frecuencia, finales de los sesenta, funcionaba en todos los cuarteles, aunque se puso en marcha muchos años, una organización interna de “inteligencia” o información militar destinada a compulsar los “estados de opinión” de la tropa en los cuarteles. Era muy rudimentario y solía estar dirigido, por decir algo, por un suboficial. Para dotarlo, en cada compañía se designaba a un soldado de confianza para que informara a lo que hablaban los demás. En el Regimiento de Infantería Zamora 8, en Ourense, que entonces tenía una tropa de 800 hombres, el asunto era para tomarlo un poco en broma. Uno de los soldados al que se hizo, contra su voluntad, observador de este servicio, era un conocido mío de Bueu, empleado de una conservera, muy discreto y buena persona en todos los sentidos. Y como era inteligente no se tomó el asunto en serio, sino que lo fue capeando como podía para justificarse, pero sin entrar nunca al fondo que se pretendía.

Mi amigo me contaba divertido las cosas de las que tenía que decir que hablaba la tropa, y había un asunto recurrente: “Las putas de la calle Villar y la comida”. La tropa se quejaba a veces de la mala calidad de la comida o de que las patatas estaban “afumadas” y cosas así. La mala calidad del rancho no era por la materia prima, pues el regimiento contaba con su propia granja y huerta, sino porque los rancheros que lo elaboraban no tenían ni repajolera idea del oficio. El otro asunto merece detenerse un poco más, ya que la tropa del Zamora era la mejor clientela de la veintena de bares que llegaron a estar abiertos en las calles Cervantes, Pelayo, Villar y plaza de la Herrería, atendidas por numerosas mujeres dedicadas al viejo oficio. Desde la perspectiva de nuestro tiempo merecen un especial recuerdo de respeto, por las duras condiciones que las llevaron allí.

Un asunto el de ahora del que se habla, pero que sigue sin ser abordado por los que deberían hacerlo

Uno de los bares más conocido era de un empresario de sector eléctrico, que trabajaba para el Ayuntamiento, y que con frecuencia se colocaba detrás de la barra de su negocio alternativo. Ya se ha contado que poco a poco los locales de esta zona fueron desapareciendo en la medida que se extendió la rehabilitación del barrio. Por cierto, en Ourense se daba la curiosa coincidencia, común en otras ciudades parecidas de España, que este tipo de barrios estuviera siempre cerca de la catedral.

Volviendo al asunto de los temas que trataban los soldados del Zamora, me contaba mi amigo que entre ellos circulaba una mítica valoración de las profesionales con que se desahogaban y que respondían a nombre eufónicos: “La Tatá!, “La Za Zá”, “La andaluza”, “La Merche” y otras. La disolución del regimiento en 1987 y los propios avances del urbanismo rehabilitador ourensano cambiaron la fisonomía del barrio. La prostitución se trasladó a la zona de la Alameda y a los llamados pisos de respeto y otros establecimientos de hostelería de los alrededores. Curiosamente, alguna de las últimas pupilas jóvenes de la calle Villar se trasladaron a Vigo para trabajar en lugares conocidos como “Luigi” y luego “Telmos”, pero esa es otra historia.

Calle Villar.
Calle Villar. | Foto: Reza

Conviene precisar que este asunto de la prostitución debe tratarse con esmerada prudencia, sobre todo porque una gran mayoría de las mujeres que lo ejercen ahora en España son extranjeras, en no pocos casos, engañadas y forzadas por organizaciones criminales. Los servicios sociales de la Xunta han publicado desde 2009 informes sobre el asunto en Galicia. El Servizo Galego de Igualdade (SGI) tenía contabilizadas en toda Galicia alrededor de 8.000 prostitutas y 350 clubes de alterne, de los cuales 58 estarían ubicados en algún punto de la geografía ourensana, una cifra similar a la de Lugo, donde el número de establecimientos ronda los 60, pero muy inferior a Pontevedra, con 97, y A Coruña, 130.

En la zona de la calle Villar, donde iban los soldados, llegaran a ejercer cerca de cien mujeres. Este barrio fue integrado en el año 1997 dentro del PERI y muchos de sus edificios fueron restaurados por la Consellería de Vivenda, lo que provocó el traslado de las mujeres que ejercían allí la prostitución hacia pisos de contacto y clubes en lugares como Cambeo, Maside, O Couto y la carretera de Celanova, en ocasiones en bares camuflados. En base a los datos de la Asociación Alecrín, la media de integrantes de los clubs es de 20 mujeres y en ellos “más del 95 por ciento son inmigrantes”. Los locales suelen dividirse en macros, medianos y pequeños, existiendo en Ourense ejemplos de todo tipo, desde uno muy conocido, donde Alecrín identificó a unas 115 mujeres, hasta el siguiente, con unas 63, y muchos otros de menor tamaño, la mayoría en las comarcas.

Es otro mundo de aquel otro de los personajes de los que comentaban los soldados del Zamora. Un asunto el de ahora del que se habla, pero que sigue sin ser abordado por los que deberían hacerlo.

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