Los intocables

Publicado: 05 mar 2026 - 02:40
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Así se conocía popularmente al equipo de investigación estadounidense compuesto por once agentes federales y que lideró Eliot Ness, trabajando entre 1929 y 1931 para terminar con las actividades ilegales de Alphonse Gabriel Capone, “Scarface”, encarcelado en la prisión de Alcatraz a los 33 años por evasión de impuestos. Fue el trabajo de este grupo, bautizados así por Charles Schwarz, escritor del Chicago Daily News, el que acabó con su criminal trayectoria. Un hecho histórico narrado con maestría por Brian de Palma en la película cuyo título coincide con el de este artículo, estrenada en 1987, con Kevin Costner en el papel de Ness y Robert de Niro como Al Capone. A aquéllos les llamaron intocables por su fama de temerarios e incorruptibles.

Casi cuarenta años después del estreno asistimos en España a un concierto permanente de un grupo instalado en el poder que actúa como si fueran intocables, cuando en nuestro estado de derecho la justicia es igual para todos. Es cierto que será más justa cuando antes se produzcan las resoluciones y sentencias que se ven venir. Actuar con un sentido absoluto de la patrimonialización de la administración pública es una deriva que sólo puede llevar a un castigo ejemplar que no salvarán las cohortes de aduladores que siempre actúan mientras el statu quo que las favorece siga en pie. Cierto que en un momento histórico donde impera lo artificial y no damos crédito a los escándalos crecientes que ponen a prueba nuestra capacidad de asombro todo es relativo. Pero los cercos se estrechan y los intocables que gobiernan, su fuerza política, familiares, amigos y exgobernantes de la misma cuerda, tienen cada minuto que pasa menos posibilidades para el regate corto y para levantar la mirada con luces largas…se ha encendido el piloto que avisa de la poca gasolina que queda. Hay que repostar pero las estaciones de servicio que van encontrando –en forma de procesos electorales- alertan del cada vez más menguante combustible.

Fino discurso de Pedro Rollán, presidente de la Cámara Alta, aludiendo al necesario carácter neutral del rey, contraponiéndolo a aquellos que pretenden neutralizarlo con sus actos y decisiones

Los que se creen intocables, ocupados en la fábrica de excusas ante los escándalos y también de nuevas polémicas que tapen las anteriores, van perdiendo a jirones la credibilidad de una formación política que ha renunciado, a la vista de sus pactos de gobierno, a ideas fuerza de su fundacional razón de ser como la igualdad y la solidaridad. Incluso su gran referente en democracia, Felipe González, no esconde su enfado ante la desnaturalización del proyecto que contribuyó a generar por culpa de quien lo conceptúa sólo como un escudo para su protección personal. Felipe ya no es el “Isidoro” (por ese nombre se le conocía en la clandestinidad) del congreso socialista de Suresnes en 1974 -cuando se alzó con la secretaría general para modernizar el PSOE- pero nadie duda de su papel histórico. Estamos ante un “singularísimo estadista”, José Antonio Zarzalejos dixit. Sus alusiones directas y sus sutiles opiniones tampoco han quedado inadvertidas estos días pasados cuando puso el broche final a la presentación de la nueva edición de “El Rey”, libro con textos de Manuel García-Pelayo (un excepcional jurista “con apetito del saber político”) que analiza el papel constitucional de la monarquía. González Márquez hizo un nuevo gran servicio a la Corona tildando la actuación de Juan Carlos I en el 23-F como “decisiva”. Un discurso sin complejos y sin guion, al menos sin papeles, recogiendo lo mejor de los anteriores intervinientes. Y realizado ante Felipe VI, el expresidente Rajoy y el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo… ni rastro de Sánchez que envió en representación del Gobierno socialista-comunista al ministro número doce por orden protocolario de su ejecutivo.

Fino discurso de Pedro Rollán, presidente de la Cámara Alta, aludiendo al necesario carácter neutral del rey, contraponiéndolo a aquellos que pretenden neutralizarlo con sus actos y decisiones. Afirmó que, en aquellas horas de temblor institucional, el rey fue “la Constitución en sí misma”, dibujando a la Corona como la quilla que estabiliza el barco de nuestra democracia. Nada que objetar y un aviso a navegantes porque los intocables, al tiempo, no existen por mucho que quieran tocar nuestra Carta Magna. Curioso que los que hoy “okupan” el gobierno de España parezca –por sus hechos y declaraciones- que compartan el lema que he visto estos días en un cartel electoral de la Falange en Castilla y León: “Acabar con el régimen del 78”. Ni los unos ni los otros tienen nada que hacer: seguirá siendo nuestra norma institucional básica.

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