Manuel Herminio Iglesias
DENDE SEIXO-ALBO
20 anos da Festa Cultural dos Foros
El cafelito del hermano (“enmano”) de Alfonso Guerra le costó la Vicepresidencia al número 2 del felipismo. Juan Guerra usaba un despacho de la Delegación del Gobierno en Andalucía para sus negocios privados, por lo que fue condenado. Allí recibía visitas para tomar un “cafelito”. Era la década de los 90, y ya entonces reunirse era cosa distinta a tomarse un café, como ha proclamado la directora de la Guardia Civil, Mercedes González, muchos años después. La amiga de P.S., colocada en la Benemérita a dedo sin más mérito que ser sanchista, ha tenido la desfachatez de decir que no se reunió con la fontanera Leire Díez, pues lo que hizo fue “tomarse un café”. O sea, un “cafelito” como el “enmano” de Alfonso Guerra, pero en versión moderna del siglo XXI.
La verdad es que el cafelito es uno de los pegotes de la era moderna más usados por el mundo cloaca. Otro pegote fue decir que lo de Aldama era una gran “inventada”, pues, como se ha visto, el sanchismo ha sido condenado a largos años de cárcel. Pegote de aúpa fue también que Leire Fango quisiera justificar su actividad presuntamente delictiva como experta periodista de investigación para escribir un libro que sólo verá la luz en forma de sumario judicial. Del mismo modo, hay otros pegotes que ofenden la inteligencia del personal, como aquel “soy feminista porque soy socialista” utilizado por Ábalos entre fiesta y fiesta de paradores con prostitutas. O no digamos aquel “no pactaré con Podemos ni con Bildu porque me quitaría el sueño”, que dijo P.S. en un arrebato de trola continua que ha sido la constante de su mandato. Y qué me dicen del pegote más sonado de Zapatero, cuando esculpió en un mitin para fanáticos su famosa frase “ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho”, lo cual se cae por su propio peso a la vista de los escándalos de corrupción que acechan al sanchismo.
Para pegotes, lo de atribuir a la extrema derecha todos los males del sanchismo
La inventada, el cafelito y otros pegotes dan para un libro de gazapos políticos de considerable volumen, porque hemos de reconocer que el sanchismo se ha aplicado en 8 años de Frankenstein. En realidad, el mayor pegote es cuando el poder gobernante calificó de bulo cada caso de corrupción que tocaba de cerca a P.S., cuya carta de amor a la ciudadanía y a su Begoña del alma también fue en sí misma un enorme pegote merecedor de la descripción “menuda inventada”.
Y, para pegotes, lo de atribuir a la extrema derecha todos los males del sanchismo. Por ejemplo, los indicios de los informes de la UCO recogidos en sucesivos sumarios judiciales, o incluso el rechazo a Pedro Sánchez en la dana de Valencia cuando salió por patas como galgo de Paiporta por poco menos que un inexistente complot de los Guerrilleros de Cristo Rey.
Todo eso si no buscamos en el joyero de los pegotes los collares de ZP, que en palabras de su vocero oficial sólo valían entre 30.000 y 50.000 euros cuando han sido tasadas en al menos 1,3 millones. En realidad, el propio Frankenstein es en sí mismo un gran pegote.
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