Inventarios de pequeños éxitos

COSAS QUE CONVIENEN

Publicado: 12 abr 2026 - 07:15
Inventarios de pequeños éxitos
Inventarios de pequeños éxitos | @txarka.ilustracion

1 Recordar que cada día es nuevo. Que la vida siempre comienza. Y que la vida es inocente. Saberse libre de cualquier peso, apartar los problemas periféricos y venir a la consciencia limpios en la mañana limpia del mundo.

2 Disolver la culpa. Que las noches sirvan como digestiones para el espíritu donde el sueño fermenta las pequeñas frustraciones hasta convertirlas en un residuo amigable, que se elimina en la digestión temprana.

3 Atender al coro del alba. Y hacerle caso a todos esos pájaros despertantes que agradecen el regreso del sol y que han sobrevivido un día más a las tinieblas y a los depredadores. Su canto es la más pura de las alegrías de vivir y debemos hacerla nuestra.

4 Abrazar a la criatura en nosotros. Saberse amigo de uno mismo, comprender las iras y decepciones de este animal mediocre al que animamos, con quien convivimos y que nos da aspecto, esperanza y consuelo.

5 La desayunación suficiente. Que el café sin pedigrí y la rebanada de pan honesto hagan del desayuno una fiesta. No hacen falta mantequillas excelentes, ni aceites de pagos extraordinarios ni aguacates extranjeros que esquilman acuíferos y saben al querosén de su transporte. Comprendamos que lo común es excelente.

6 Apreciar el todavía. Esa fuerza del cuerpo que aún es fuerte. Esa decisión de la mente todavía determinada. Dejar que los muslos pedaleen por nosotros y que sea ese otro sano y capaz el que guíe la bicicleta en un mágico desdoblamiento. Disfrutemos de ser pasajeros de nosotros mismos

7 Conversar con el muerto. Que quizá nos hable desde un libro, o se venga al recuerdo con alguna de las mañas del trasmundo. Tal vez se encarne en una canción cantada muchas veces que llega al pensamiento o en ese objeto suyo que nos sirve en el hoy.

8 Estar presentes cuando el sol se va. Como cuando acompañamos a la cancilla para despedir a las visitas. El atardecer es el gran acontecimiento y merece una pequeña conmoción si el último sol incencia los árboles o se pone discretamente. Hay que guardar dentro también una pequeña tristeza periférica, la del día gastado y que no vuelve.

9 El paseo a la ermita. Acompañado de los gatos, siempre sin linternas y confiando en nuestros ojos humanos, que ahora amplían la visión con el oído, con el tacto, con todo el cuerpo convertido en un mecanismo de alta sensibilidad. Escuchar a los cárabos y el latir de las pobres fieras relegadas a las orillas del mundo abusón de los hombres.

10 Repasar el día en la cama. Con los dientes limpios y el gato a los pies, protegidos por este tejado y estas certezas. Concluir que el día ha merecido la pena, porque siempre merece la pena.

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