Chito Rivas
PINGAS DE ORBALLO
A soidade da Fervenza do Gorgua
Entre otras muchas consecuencias de su lastimosa gestión al frente del país, el chavismo ha condenado a Venezuela -petróleo y recursos naturales siempre al margen- a la irrelevancia económica en el contexto global. Con un mercado que, por su tamaño, debiera ocupar el lugar número 38 en el mundo, el Índice 2014 de Libertad Económica, que acaba de publicar The Heritage Foundation en colaboración con The World Street Journal, sitúa al país caribeño en el lugar 174 de 178 posibles, sólo por delante de Zimbawe, Cuba y Corea del Norte, por este orden. Por su parte, el Informe Global de Competitividad 2013-2014, que ha publicado el World Economic Forum, ubica a Venezuela en el lugar 134 de 148 analizados, acompañado de Pakistán (133) y Malí (135), y sólo por delante de Haití (143) en lo que respecta al continente americano.
Detrás de esta irrelevancia encontramos un funcionamiento torpe de las instituciones, infraestructuras (físicas y tecnológicas) deficientes, ineficiencia en la asignación de los factores de producción y -aún más- en su explotación, y un nivel de asfixia reguladora, que ahora se pone de manifiesto con un Estado de Derecho que reprime por la fuerza. Y que, hasta ahora, reprimía por decreto, ya fuera expropiando (1.168 empresas entre 2002 y 2012, de cualquier sector productivo y nacionalidad) ya impidiendo el ejercicio de la libertad empresarial, comercial, de inversión, cambiaria o financiera, hasta reducir a la mínima expresión la iniciativa privada interna, ahuyentar la externa -contraria a injerencias y episodios de inseguridad jurídica- y, en conclusión, situar el nivel de competitividad del país en las antípodas de su potencial.
Venezuela ha dejado de ser competitiva en el interior: importa alrededor del 70% de los alimentos básicos (24% en 1999) y lidera el desabastecimiento y la inflación. Y también en el exterior: las exportaciones no petroleras apenas sumaron 2.566 millones de dólares en 2012 (menos del 1% del PIB), con una aportación además minoritaria del sector privado (42% del total), y carece de inversión extranjera directa neta desde 2006. Y lo que es peor, Venezuela ha dejado de ser competitiva hasta en la desgracia. Porque, a día de hoy, en medio de una cruzada espontánea llamada a hacer historia, como la que lidera en sus calles la ciudadanía, es Ucrania el país que más compran los medios de comunicación y que más portadas ocupa. Paradójicamente, la irrelevancia económica bolivariana favorece parte de su invisibilidad política actual.
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