It's always Knicks

LA OPINIÓN

Publicado: 21 jun 2026 - 04:20
Un fan de los Knicks celebra eufórico el anillo de su equipo.
Un fan de los Knicks celebra eufórico el anillo de su equipo. | La Región

En 1993 se abrió un cráter en la placa norteamericana. Una promesa transformó al mejor basquetbolista en pelotero, viajando por los campos menores del béisbol estadounidense. Fue un vacío legal, un lapso de dos años en el medio de la tiranía de sus dos three-peat con los Bulls. Después llegó el comunicado de prensa más famoso de la historia. “I´m back” y se acabó la fiesta.

Ewing y Olajuwon fueron las estrellas de la primera final sin Michael Jordan. Se la embucharon los Rockets ratificando la leyenda negra de los Knicks. Los de Nueva York viajaron a Houston con ventaja, a un partido del anillo. Con un ajustadísimo 84-86 y siete segundos, Starks se escora hacia la izquierda, lanza, pero el triple es punteado por el infinito pívot de los Rockets. El sueño de la Gran Manzana se esfuma en el limbo y surge una nueva depresión.

La NBA abrió el telón en 1947 y tan solo seis después ya le habían colgado a los Knicks el cartel de perdedores. Jugaron tres finales sin ganar ninguna. ‘Sweetwater’ Clifton y los suyos se la pegaron dos veces con los Lakers, aún en Minneapolis, y el coloso Milkan que cambió todas las reglas. En los 70 llegó la expiación. Los Lakers volvieron a aparecer con un equipo donde brillaba la silueta de Jerry West o el hombre de los 100 puntos, Chamberlain. Pero los Knicks tenían a Clyde Frazier, Phil Jackson y el one-club man Willis Reed. Él fue el MVP de las dos vendettas que se cobraron ante los angelinos para conseguir esos dos únicos anillos que languidecían hasta ahora.

La mayor remontada obrada por Nueva York no es un milagro, es una faena que ha tenido a la ciudad ensimismada 53 años.

Aquel triple marrado por Starks en el 94 es trágico porque todo el mundo contaba con los Knicks. Desde entonces, el confeti sigue atrancado en el techo del Madison. Regresaron a una final cuando Jordan volvió a dejar la corona vacante. En 1999, San Antonio, las Torres Gemelas y el albor de la era Popovich fueron insalvables para unos Knicks sin faro. Ewing se rompió el Aquiles y no disputó ni un minuto de las finales para recrear el enésimo drama.

En ese vestuario en ruinas, entre camisetas empapadas de aflicción, un niño de tres años abrazó la esperanza. Jalen Brunson es hijo de Rick Brunson, un obrero desventurado, base suplente de aquellos Knicks y principal arquitecto del camino de espinas que sabía que se encontraría su chico. Jalen no lo tuvo fácil. Eliminó la vida social para centrarse en el aro; soportó inconcebibles cargas de trabajo; entrenó largos períodos con equipos femeninos para corregir vicios y, ante la falta de intensidad o compromiso, era abandonado en el gimnasio con la imperiosa necesidad de sacarse las castañas del fuego para volver a casa. Cuando llegó a la NBA no lo quisieron pues dijeron que no era lo suficientemente alto, rápido ni atlético. Lo draftearon en segunda ronda y vivió al margen de los fastos, sin hacer mucho ruido, para acabarse convirtiendo en el MVP del tercer anillo de los Knicks ante el equipo que hizo llorar a su padre.

La mayor remontada obrada por Nueva York no es un milagro, es una faena que ha tenido a la ciudad ensimismada 53 años. Antes del delirante palmeo de Anunoby, Starks brinca de su butaca para protestar airadamente la línea que no pisa Castle. Quizás en ese momento sintió que aquel maldito triple del 94 entraba. Y es que todo neoyorkino tiene un rol en esta locura azul y naranja. Lo dijo el sabio Clyde antes de las finales: “When I look around, it´s always Knicks”.

Los Knicks han jugado nueve finales y solo han ganado tres, pero acumulan más gloria que tragedia. Porque una ciudad que no duerme, solo puede vivir soñando.

@jesusprietodeportes

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