San Martín, nacionalidad hispano-argentina

TRIBUNA

Publicado: 05 ago 2026 - 06:10
BNE. Claustro del exconvento de Santo Domingo de Ourense.
BNE. Claustro del exconvento de Santo Domingo de Ourense. | La Región

Él sí que no tuvo problemas. El paladín de la independencia sudamericana, adquiría la nacionalidad española por filiación. Era argentino de nacimiento, pero, también español por “ius sanguinis”. Incluso, como ourensanos, se pude decir que existieron hilos visibles que nos conectaron con él, … su madre. Luego Clío -la musa de la Historia-, y, los actos, en torno a las repatriaciones de los restos mortales de la familia, lo convirtieron no solo en prócer de la independencia sudamericana sino también en símbolo de unión entre España y Argentina.

Al igual que sus hermanos, José de San Martín -llamado El protector en Perú, El Fundador en Chile o El Libertador en Argentina-, había continuado la tradición castrense del padre, Juan de San Martín, un militar que había desempeñado el cargo de gobernador en Yapeyú. Vio la luz, precisamente allí, cuando el progenitor servía a la Corona española. Con apenas ocho años se traslada a España. Y, en seguida, ingresaba como cadete en el Regimiento de Murcia. Ya, con treinta primaveras, al lado del general Castaños, participa en la batalla de Bailén contra las tropas napoleónicas, alcanzando el grado de teniente coronel. En 1812, regresa a Argentina y, enseguida, se convierte en un abanderado de la otra independencia… la sudamericana.

Entretanto, la madre, Gregoria Matorras, tras la muerte del marido enterrado en Málaga, se había afincado en Ourense. Era palentina, originaria de Paredes de Nava -tierra de Jorge Manrique-, pero llegaba a la ciudad de As Burgas, con una pensión de 175 pesos, para vivir con su hija, María Elena, y con su yerno, Rafael González Menchaca, empleado de Rentas. En 1813 -justo un año después de embarcar su hijo, en la fragata inglesa George-Canning hacia Buenos Aires-, le sorprende la muerte. Y, es tras el fallecimiento, cuando la hija, le envía una carta a su hermano, comunicándole la triste noticia del deceso. Le informa de cómo el cadáver era enterrado en el Convento de Santo Domingo, templo parroquial, conocido como Santa Eufemia la Real del Norte, ya que allí era a donde ella acudía, regularmente, para asistir a los actos de culto. El cronista ourensano Benito Fernández Alonso, da fe de haber comprobado la copia literal de la inscripción de defunción -folio 231 vuelto, del libro registrador de defunciones-.

Con el tiempo, el episodio adquiere relevancia porque, no fue sólo ni su obra de liberación americana, ni sus hazañas bélicas, ni siquiera su renuncia, lo que hacía inmortal a aquel héroe. Era la utilización política posterior que hacían los gobernantes, tanto de su figura como de la de su familia, la que le devolvía la dignidad histórica. Una parte de la intelectualidad sudamericana -en concreto, la argentina-, se sentía en deuda con sus líderes; en especial, con San Martín. El prócer, al igual que Moreno o Bernardino Rivadavia, a pesar de cumplir, con creces, su misión patriótica, se había visto obligado a morir lejos de la patria. Era, pues, un reclamo de antaño; al igual que lo era, aprovechar el giro político que había dado ya Primo de Rivera con respecto a la política exterior americana. El vuelo del Plus Ultra de Ramón Franco, quizás, rememoraba el viaje de Colón para los españoles; pero para los argentinos, era, sin duda, una forma de restablecer vínculos con la “madre patria”. A fin de cuentas, había muchos hispanos, sobre todo gallegos, en aquella joven República. Era inaceptable que Alemania, Francia, Inglaterra, Italia y hasta la India estableciesen embajadas en aquel país, mientras España veía cómo se desvanecía el vínculo con un Estado al que estaba ligado por tradición e historia.

Si el presidente argentino Avellaneda se había propuesto, en el último tercio del XIX, repatriar, desde Francia, el cuerpo de El Libertador, será el gobierno de Perón, quien rememorando aquel mismo mensaje - “los pueblos que olvidan a los suyos pierden la conciencia de sus destinos”-, en un contexto, en el que el sistema franquista estaba arrinconado, decidía recuperar los restos mortales de los padres del conquistador.

En efecto, Evita Perón hacía una visita a España -incluida en el tour europeo “Gira del Arco Iris”-, en la que, además de los pactos comerciales establecidos, se acordaba que el delegado cultural argentino para Europa -Benítez-, y el agregado de cultura -Jorge Casal-en Madrid se desplazasen a Ourense para in situ examinar las pruebas documentales relativas al enterramiento de la madre de San Martín. Ambos, comprobaron que había sido enterrada en el Convento de Santo Domingo. No obstante, a la vez, notificaron que debido al tiempo transcurrido ni se había podido determinar la sepultura, ni, tampoco, había sido posible identificar sus restos mortales. Aun así, en presencia de las autoridades competentes se había procedido a la exhumación de restos humanos de la que había sido la capilla del Rosario. De forma simultánea, en Málaga, se abría la caja mortuoria del padre. Tanto unas reliquias como otras, fueron puestas en estuches de cinc precintados con una cinta con los colores de España y Argentina. Con el Acta de entrega de aquellos restos, ambos países rubricaban su alianza. Si el Raid del Plus Ultra comandado por Ramón Franco suponía un acercamiento a Argentina, pasado el tiempo, el otro Franco -el dictador-, con actos estratégicos como éste, por interés, lo consolidaba.

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