Sonia Torre
UN CAFÉ SOLO
La balanza del dinero
No sé si se han fijado ustedes pero Jordi Pujol i Soley en realidad es Yoda. Aquel Yoda de La Guerra de las Galaxias que instruía a Luke Skywalker y le decía de vez en cuando frunciendo los morritos: "Ji, ji. El tamaño no importa. ¿Me juzgas por mi tamaño? Hacerlo no deberías."
Me di cuenta hace mucho tiempo, en los ochenta, aunque entonces solo pude compartir mi descubrimiento con algunos amigos íntimos. En aquellos años yo era director creativo y jefe de fotografía de Luis Carballo, el genial publicitario ourensano artífice del lanzamiento de Adolfo Domínguez primero y de la Moda Gallega después. Un día el diminuto y sorprendente Yoda, perdón quise decir Jordi, vino a visitarnos a nuestra oficina en la Gran Vía de Vigo, acompañado de varios de sus asesores.
Aquel tipo minúsculo y poderoso sentía curiosidad por saber cómo lo habíamos hecho. Por saber cómo en solo dos o tres años habíamos colocado a Galicia, un pueblo en el que en principio todos andábamos con una mano delante y otra detrás, en primera línea del mundo de la moda. Y no solo a nivel nacional, también a nivel internacional. ¡Qué extraño! debía de pensar el maestro Jedi si ellos, los catalanes, sí que tenían una gran industria del textil, histórica. Una que en los últimos años se había ido agostando lentamente hasta casi desaparecer por completo como un moribundo. ¿Cómo lo habrían conseguido los gallegos?
Yoda, perdón quise decir Jordi, entró en la oficina tambaleándose con su simpática forma de caminar y subió trabajosamente las escaleras acompañado de Luis Carballo hasta el despacho de la primera planta, supongo que a hablar con Luis a solas acerca de "La Fuerza" y del futuro de la Galaxia. No sé si el maestro de Obi-Wan Kenobi sacó algo en claro de aquella reunión. Yo no fui invitado a participar en ella.
Yoda, perdón quise decir Jordi, ya había sido retratado en aquellos años por Boadella en la fabulosa obra teatral "Ubú President" en la que a cada rato y aparentemente sin venir a cuento su hijo, un niño pequeño que se llama Jordi o Yoda como él, atravesaba el escenario de un lado a otro arrastrando un maletín del que caían billetes por docenas. A Yoda, perdón quise decir Jordi, la obra no le gustó. Los Joglars incluso le enviaron una carta a su despacho del Paseo de Gracia, solicitándole que se aviniera a interpretar en el proscenio su papel él mismo. Pero Jordi o Yoda rehusó. Ni les contestó. Tal vez porque en la propia carta Els Joglars ya le advertían que no podrían pagarle unos emolumentos a la altura de sus exigencias. A fin de cuentas, ellos mismos lo aclaraban, eran una compañía no subvencionada.
Con la declaración del ex-president del otro día me acordé de todo esto. Y también de una frase de Yoda: "Luke, el poder del Lado Oscuro no subestimes... o el destino de tu padre sufrirás.
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