Opinión

Mirando al árbol de la cruz

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Mirando al árbol de la cruz

El Viernes Santo es el primer día pleno del Triduo Pascual. La celebración de este día es también sencilla y a puerta cerrada, a causa de la pandemia Covid19 que estamos padeciendo. 

Durante la celebración se nos invita a mirar el árbol de la cruz. Al contemplar a Jesús crucificado, comprendemos que nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. 

En la cruz, Cristo asumió en sí todo el dolor de la humanidad a lo largo de los siglos. También la soledad y el dolor de estos días de pandemia. Es la locura del amor de Dios hacia toda la humanidad. Como nos recuerda el Apóstol: “Nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo: en él  está nuestra salvación” (Gal 6,14). 

Creer en este amor hasta el extremo significa fiarnos de la infinita misericordia de Dios. El amor, que se demuestra en la misericordia, puede y debe convertirse en fundamento de una nueva cultura de la vida, de la Iglesia y de la sociedad. La misericordia divina y la vida se han alzado definitivamente con el triunfo de la cruz. Dios es el que ha reconciliado consigo al mundo a través de Cristo. 

Mirando a la cruz, el creyente aprende a orar en el dolor, a hacer oración del dolor. Jesús, al rezar el Salmo 22, expresa a su Padre toda su situación de dolor, de tensión, de abandono, de tristeza y de angustia. 

Pero Jesús no se queda con su situación dolorosa, sino que la lleva a la oración y la pone en manos del Padre. Orar el dolor, como Jesús, es descubrir el sentido redentor, liberador y purificador de las dolencias. 

En la Eucaristía actualizamos el sacrificio de Cristo en la cruz y al celebrar este sacramento tenemos la oportunidad de orar nuestro propio dolor ante el altar del sacrificio. También en estos días llevamos a la oración el dolor de tantas personas que sufren en la enfermedad las consecuencias de la pandemia Covid19.