Manuel Herminio Iglesias
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Huesca, Zaragoza y Teruel son las tres provincias que conforman Aragón, la comunidad autónoma que votó el pasado domingo mayoritariamente al PP de Feijóo y, de paso, castigó con dureza al PSOE de Pedro el estadista. A Pilarica Alegría, en otra vida portavoz del sanchismo, no le quedarán ganas de volver al Parador turolense, donde la fiestorra de Ábalos aún trae cola. A la Alegría sanchista se le ha hecho un nudo en el estómago con el episodio del Parador y la comidita del presunto acosador Salazar, al que Pedro recuperó como asesor electoral externo sin resultado a celebrar. Pilar alegre y olé es otra víctima más de la gula electoral de Sánchez, igual que el extremeño Gallardo, colocador ocasional del músico hermanísimo olvidado en el alzhéimer de las dimisiones.
A mí, además de la virgen del Pilar y el caudal poderoso del Ebro, me atrae subir al Moncayo en la parte aragonesa, que de las elecciones de Castilla y León ya hablaremos cuando toque. Juanjo Bona es un cantante, jotero y compositor zaragozano que ha pasado por Operación Triunfo y tiene una voz prodigiosa. Juanjo canta con temperamento y maestría, rozando el coro celestial de tonos imposibles, ese “He de subir al Moncayo” majestuoso al que sólo llega él. Y allí, en lo más alto, seguro que hace dúo con Labordeta, quien hace tiempo se nos fue llevándose todo un país en la mochila y ahora festeja la subida de la Chunta Aragonesista. “Y la virgen del Pilar dice, que no quiere ser francesa, que quiere ser capitana de la tropa aragonesa”, reza otra jota famosa del folklore aragonés mientras la pilarica socialista llora sus pecados propagandísticos en la pena de la derrota electoral que sólo encuentra consuelo en la subida de Vox y la pérdida de 2 escaños del PP, que ganó sobradamente. Y si Goya y Buñuel levantaran la cabeza como ilustres aragoneses que fueron, seguramente se avergonzarían del teatrillo electoral que se ha montado en su tierra hermosa. Y desde la trufa negra al azafrán, pasando por el jamón de Teruel, el tomate rosa de Barbastro y el melocotón de Calanda, Aragón recupera el pulso y el apetito tras otra campaña indigesta del sanchismo irresponsable.
El gran Paco Martínez Soria, zaragozano de Tarazona, fue otro fenómeno de sabia filosofía aragonesa que sigue triunfando con las reposiciones de sus películas únicas. A Martínez Soria habría que verle en el parador de Teruel con Ábalos y Alegría dándole al folklore patrio. Del ‘Abuelo made in Spain’, de 1969, a ‘El abuelo tiene un plan’, de 1973, hay un recorrido de convivencia con la censura y el final del franquismo. Y de ‘El alegre divorciado’, de 1975, al ‘Es peligroso casarse a los 60’, de 1980, hay una transición social y cinematográfica que la pobre Pilar Alegría no ha sabido detectar. Tampoco supo leer la Pilarica sanchista ‘El disputado voto del señor Cayo’ de Miguel Delibes, que será libro de cabecera de Feijóo y Abascal en próximas elecciones. En definitiva, a Pilarica Alegría sólo nos queda dedicarle una jota aragonesa que dice así: “Y la virgen del sanchismo dice, que no quiere ser robot, que quiere ser candidata de la tropa del Peugeot”.
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