Jesús Prieto Guijo
LA OPINIÓN
Barcelona 1936
CUENTA DE RESULTADOS
El mapa económico del sur de Europa empieza a parecerse menos al que conocíamos. Durante décadas, la jerarquía parecía estable: Italia ocupaba con claridad el tercer escalón entre las grandes economías de la eurozona, detrás de Alemania y Francia, mientras España permanecía un peldaño por debajo y Portugal jugaba en otra dimensión. Esa fotografía sigue siendo válida cuando se observa el PIB, pero ya no tanto cuando se mira la demografía. España y Portugal crecen, ganan habitantes y atraen inversión; Italia conserva una formidable potencia industrial, pero pierde población y avanza a menor velocidad.
El primer sorpasso ya se ha producido y es demográfico. Los últimos datos disponibles sitúan a España en torno a los 49,7 millones de habitantes y la reciente revisión portuguesa eleva Portugal hasta aproximadamente 11,4 millones. Juntas, ambas economías superan los 61 millones de residentes, frente a los menos de 59 millones de Italia. La distancia rebasa así los dos millones de personas y resulta especialmente significativa porque hace apenas una década ocurría lo contrario: Italia rondaba los 60,6 millones de habitantes mientras España tenía unos 46,4 millones.
Conviene no convertir la estadística en una profecía. España y Portugal son dos Estados y no una economía unificada; Italia continúa teniendo un PIB nominal superior al agregado ibérico y, sobre todo, conserva fortalezas difíciles de replicar: una gran industria manufacturera, distritos productivos especializados, marcas mundiales y una extraordinaria capacidad exportadora. El sorpasso económico no existe todavía y presentarlo como un hecho sería confundir tendencia con realidad.
La península ibérica reúne ya más de 61 millones de habitantes, por encima de Italia. Su nuevo desafío es hacer lo mismo en PIB
Pero precisamente las tendencias importan en economía. Una fábrica, un centro tecnológico o una plataforma logística se proyectan pensando en las próximas décadas. Y ahí Iberia –entendida como la suma de España y Portugal– presenta argumentos nuevos. Estos dos países disponen de renovables abundantes, suelo industrial, buenos puertos, dos lenguas globales y conexiones privilegiadas con América Latina, África y el Atlántico. España, además, se beneficia de una inmigración intensa que está compensando su baja natalidad, mientras Portugal también ha reforzado su capacidad de atraer población.
Italia representa el reverso de esa dinámica. En poco más de una década ha perdido alrededor de 1,6 millones de habitantes y su envejecimiento obliga al propio Gobierno de Giorgia Meloni a recurrir a la inmigración laboral, pese a mantener un duro discurso duro contra la entrada irregular. De hecho, el llamado Decreto Flussi prevé cerca de medio millón de trabajadores extracomunitarios entre 2026 y 2028. No hay contradicción absoluta: Roma pretende decidir quién entra y para qué. Pero sí hay una evidencia económica: Italia necesita población activa.
El cambio también se percibe en las decisiones empresariales. España está entrando en el radar de inversiones industriales asiáticas y europeas que años atrás habrían mirado prioritariamente hacia Italia. Automoción eléctrica, baterías, centros de datos, energías renovables y logística encuentran en la Península una combinación cada vez más atractiva de mercado, energía, infraestructuras y ayudas europeas. Portugal añade estabilidad, especialización industrial y una plataforma atlántica que multiplica el alcance del conjunto.
El eje Lisboa-Madrid y el corredor Oporto-Vigo-A Coruña siguen padeciendo conexiones ferroviarias impropias de dos países que comparten 1.200 kilómetros de frontera, pero aun así España y Portugal disponen de algo que hace una década parecía improbable: más población que Italia, crecimiento comparativamente elevado y capacidad para atraer nuevos residentes. Si esa masa crítica se combina con renovables, industria, puertos y mejores conexiones puede aumentar su peso en la eurozona.
La cuestión clave es si España y Portugal sabrán convertir una suma geográfica en verdadera escala económica, ya que más habitantes no significan más riqueza. Italia continúa por delante en PIB y mantiene una estructura manufacturera que España y Portugal no pueden dar por descontada. La baja productividad, la burocracia, los problemas de vivienda, unas conexiones ibéricas insuficientes y la dificultad para convertir inmigración y crecimiento en empleo de calidad pueden impedir el sorpasso.
@J_L_Gomez
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