Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Tejero, desclasificado y quieto
CRÓNICA PERSONAL
Pedro Sánchez tiene fama de maniobrar bien en el espacio político, la prueba es cómo se mantiene a pesar de acumular fracasos sucesivos de los que cualquier dirigente saldría descalabrado; pero él resiste sin que se le mueva un músculo, aunque su rostro sí empieza a mostrar síntomas de fatiga, de falta de nervio.
En plena campaña de autonómicas en las que huele una nueva derrota, se saca de la manga un carta que siempre funciona bien para desviar la atención de un previsible desastre político: vista atrás y posarla en el rey Juan Carlos. Estrategia que entusiasma a su club de detractores dispuesto a las arremetidas sacando a colación sus muchos errores sin mencionar jamás sus méritos, mucho más numerosos.
A nadie engañó el anuncio de Sánchez de la desclasificación de los documentos del 23-F. Desde el primer día coincidieron analistas y estudiosos de muy distinto signo profesional y político: buscaba el presidente de Gobierno cuestionar la actitud del rey Juan Carlos ante la intentona golpista del 23-F. La jugada de Sánchez sin embargo ha resultado ser poco maestra, no ha logrado el resultado que buscaba.
Tan seguro está de que en ellos no se encontrará nada de lo que se puedan avergonzar los protagonistas de la Transición.
Coincide con la publicación del libro de Manuel García Pelayo, expresidente del Tribunal Constitucional en los primeros años de democracia. Un libro ahora reeditado que considera impecable el papel que jugó don Juan Carlos aquel día aciago. Presidió el acto el rey, un hecho significativo. Días antes, en el Congreso, en un acto conmemorativo de la Constitución, se echó de menos que no mencionara a su padre, principal promotor e impulsor de la Constitución. Razones tiene el corazón que la razón no entiende.
En la presentación del libro de García Pelayo tuvieron especial relevancia las palabras de Felipe González, el socialista más importante del medio siglo de democracia, que compartió infinidad de momentos complicados con el entonces Jefe de Estado y, juntos, tomaron decisiones difíciles y valientes.
El expresidente explicó qué hizo el rey el 23-F, aunque aquellas horas tan angustiosas estuvo secuestrado en una sala del Congreso con media docena de altos cargos, vigilados a punta de metralleta por guardias civiles. Felipe González ha pedido que se desclasifiquen todos los documentos que guardan distintas instancias oficiales. Todos. Tan seguro está de que en ellos no se encontrará nada de lo que se puedan avergonzar los protagonistas de la Transición.
Reivindicó la figura de don Juan Carlos, con quien mantiene actualmente una relación algo distante, pero no olvida cómo actuó aquella noche. Cómo impuso su autoridad, por teléfono, a los generales golpistas, y su decisiva intervención a través de la televisión. Tardía porque el equipo de RTVE tuvo que trasladarse a Zarzuela con cambios de recorrido para sortear posibles intentos de bloquearles el paso.
En estas últimas horas, del análisis de los documentos desclasificados, la figura de don Juan Carlos sale muy potenciada. Por cierto, no cuentan absolutamente nada que no se supiera. La estratagema de Pedro Sánchez está resultando fallida.
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