Fernando Ramos
La verdadera dimensión de Zapatero más allá del Plus Ultra
Se le atribuye a Confucio la célebre frase ni quiero ni rechazo nada de modo absoluto, sino que consulto siempre las circunstancias.
Obama, en su intento de transmitir la nueva imagen de su país, ha iniciado una política exterior muy distinta a la de su predecesor en la Casa Blanca, George W. Bush. ¿Quién se hubiera imaginado hace unos meses la fotografía de Bill Clinton junto al demonizado Kim Jong en Corea del Norte? Obama es un pragmático y cuenta con la colaboración inestimable de otros pragmáticos que valoran los resultados por encima de consideraciones personales, ideológicas e incluso estratégicas. Es consciente de que el mundo ha cambiado y el que no se adapta a los cambios corre el riesgo de quedar al margen de las soluciones y, desde luego, aislado en el concierto de las naciones.
El ejemplo más espectacular de este cambio es el éxito de la misión de Bill Clinton, consiguiendo la liberación inmediata de las periodistas americanas Euna Lee y Laura Ling, condenadas a 12 años de trabajos forzados por entrar ilegalmente en el país norcoreano, algo que su cruel sistema no perdona.
El mundo ha cambiado y el que no se adapta a los cambios corre el riesgo de quedar al margen de las soluciones Este éxito supone un hito en la diplomacia (aunque se ha evitado darle este tratamiento) entre dos países enemigos y en permanente guerra fría. No olvidemos las recientes provocaciones del régimen de Pyongyang, insensible a las críticas internacionales y a la condena de la ONU después del lanzamiento de sus misiles nucleares.
La habilidad del ex presidente americano estaba harto probada en su gestión como mandatario, pero su servicio a la Administración Obama tiene un doble valor: el resultado y su disposición al servicio de su país. Esa disposición engrandece su figura y ejemplariza, como lo venía haciendo otro ex presidente, Jimmy Carter, el papel de los auténticos estadistas, diferenciándolos de los personajillos que son incapaces de trascender su papel partidista o revanchista una vez que cesan en sus responsabilidades institucionales.
Quizás algunos han leído a Confucio, mientras otros son esclavos de sus imágenes.
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