Arturo Maneiro
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Galicia no solo ha parido grandes escritores o navegantes, también a Fernando Rey (A Coruña, 1917 – Madrid, 1994). Resulta curioso el apellido artístico elegido por este actor de convicción republicana que en la Guerra Civil compartió trinchera con su propio padre, el coronel Fernando Casado Veiga.
Dominaba tres idiomas, inglés, francés e italiano, precisamente la lengua de los países que llevaron el séptimo arte a su máximo esplendor durante el siglo pasado, lo que le permitió codearse con Orson Welles, Paul Newman, Charlton Heston, Brigitte Bardot, Catherine Denueve, Vittorio Gassman o Marcello Mastroianni, entre otras muchas estrellas. Sus trabajos con el director Luis Buñuel a partir de Viridiana (1961) le dieron una proyección internacional que todavía no ha sido superada por ningún otro actor español. De ahí el Premio Memoria Histórica concedido por el OUFF en la presente edición.
Al igual que otro gallego ilustre, el futbolista Luis Suárez, único español en ganar el Balón de Oro en la categoría masculina, su figura no tuvo un gran reconocimiento –o conocimiento- dentro de la ibérica península. El propio Fernando Rey admite su responsabilidad ante este hecho al final de una entrevista con el periodista Pablo Lizcano en 1987: “En este país, si se consigue estar en una zona de sombra, mejor”. En la misma conversación, que no llega a los 12 minutos y puede verse en Youtube, achaca el encasillamiento de los actores a la falta de imaginación de productores y directores, y lamenta que no le encomendaran papeles burlescos: “He hecho 158 películas ya, he hecho de casi todo menos de mujer, pero no he hecho de cómico. Como gallego tengo buen sentido del humor y soy hasta cierto punto gracioso”.
The French Connection es un chute de 104 minutos, un trepidante western urbano en el Brooklyn sórdido, sucio y violento de Frank Serpico o Lou Reed
Su papel de capo de la droga en The French Connection lo situó entre los protagonistas de un film que en 1971 ganó cinco Óscars. El martes la repusieron en el Teatro Principal después de una charla entre dos grandes cineastas que lo dirigieron, Jaime Chávarri y Manuel Gutiérrez Aragón, y justo antes de que su hijo, médico de Familia en Mallorca, agradeciera el galardón.
The French Connection es un chute de 104 minutos, un trepidante western urbano en el Brooklyn sórdido, sucio y violento de Frank Serpico o Lou Reed. Falta heroína en las calles, Nueva York vive un crudo invierno bajo el síndrome de abstinencia, y el capo Alain Charnier (Fernando Rey) querrá darle a la ciudad lo que quiere. Puede que ahora la trama resulte un tanto simple con todo lo que se ha desarrollado el narcotráfico internacional desde 1971: tengamos en cuenta que es una película rodada una década antes de la irrupción de Pablo Escobar y quince años antes de la conexión gallega de Sito Miñanco y compañía. Las escenas de persecuciones son memorables: desde un agente disfrazado de Papá Noel en plena carrera a un coche que compite con el propio metro, y cómo no, el sublime desmarque que el personaje de Rey le hace al pegadizo poli Jimmy “Popeye” (Gene Hackman) en el vagón del “subway”. PD: la próxima vez, por favor, repónganla en versión original subtitulada o con un buen doblaje en español.
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