La dimisión

EL ÁLAMO

Publicado: 05 nov 2026 - 05:10
Itxu Díaz
Itxu Díaz | La Región

Si no hay urnas de por medio, nunca está claro en política si te vas o te echan. Tras el asesinato de Carrero Blanco en 1973, Torcuato Fernández-Miranda fue presidente del Gobierno en funciones durante once días. Una semana después del atentado, aún tenía serias esperanzas de ser el designado para suceder a Carrero. Esperanzas que se quebraron de golpe durante un despacho con Franco en El Pardo del que salió técnicamente cesado a la gallega: “Y, usted, Miranda, ¿a qué piensa dedicarse ahora?”.

Hay al menos dos versiones sobre la dimisión de Óscar Puente. La primera, que fue cesado por Sánchez para frenar la sangría de votos tras la tragedia de Urda. La segunda, desvelada por La Sexta, asegura que Puente, en plena comparecencia, avisó a Sánchez por WhatsApp de su inminente dimisión, tan solo un minuto antes de hacerla pública. Las mismas fuentes aseguran que Sánchez respondió a toda prisa “Ni se te ocurra, no lo hagas”. Pero lo hizo.

La primera versión tiene la credibilidad del cálculo electoral, que es el único motor que mueve a los políticos en precampaña, y lleva el sello entre vil de los ceses de Sánchez. La segunda deja a Óscar Puente como hombre leal y responsable, pero a cambio muestra a un presidente del Gobierno incapaz de seguir el ritmo de lo que ocurre en su propio Consejo de Ministros y, en definitiva, alguien que ha perdido el control y el mando. La primera resulta enigmática, la segunda suena teatralizada y sobreactuada en grado sumo.

En contra de lo que le ha dicho al oído Gabriel Rufián en una de sus mentiras piadosas para la historia, Óscar Puente ha sido un ministro horrible

Si tomamos por buena la segunda versión en su literalidad, en efecto, Puente habría traicionado a Sánchez. El propio exministro le lanza al presidente en el WhatsApp su “excusatio non petita accusatio manifesta”: “Espero que no lo consideres como una traición, sino como un acto de generosidad”. Desde el punto de vista del análisis político, la dimisión de un ministro a tres semanas de las elecciones es un hachazo al centro del argumentario electoral del Gobierno. Más aún cuando, antes de dimitir, se han pasado tres días intentándolo todo: desde culpar a un trabajador hasta sugerir, nada menos, en boca de varios de sus voceros, que era urgente renacionalizar el ferrocarril, como si ADIF y Renfe fueran propiedad de Elon Musk o del Tío Gilito.

Uno de los más entusiastas de esta última estupidez es Iván Redondo, “diosito”, el ex asesor de Sánchez (léase lo de “ex” con total ironía) que trabaja ahora en flotar en las alturas y que, de tarde en tarde, se toma la molestia de bajar a tierra para iluminar a las masas con su voz todopoderosa. Redondo afirmó tras el accidente que la campaña comienza de cero, a continuación pidió la “nacionalización del ferrocarril en España” –si, ya lo sé- y posteriormente sugirió que, mientras la oposición se presenta como Gobierno, el Gobierno debería presentarse “como Estado”. Incidió en el suspense sobre la continuidad de Puente: “¿puede Óscar Puente convertirse en un lastre para el PSOE?”. E inmediatamente después, lo celebró, deshaciéndose en elogios hacia el ya exministro: “Reparadora renuncia”. ¿Mi tesis? Que la idea, el guion original, y hasta la banda sonora, fueron del propio Redondo, a quien Sánchez acostumbra a acudir cuando ve el mundo arder alrededor.

En contra de lo que le ha dicho al oído Gabriel Rufián en una de sus mentiras piadosas para la historia, Óscar Puente ha sido un ministro horrible. De ninguna manera es posible atribuir los dos grandes accidentes y la infinita sucesión de desastres en infraestructuras a la mala suerte. Pero, después de todo, Puente ha sido leal a Sánchez, al menos hasta el último instante, y ha sido su voz, su correa de transmisión. Su desaparición de la ecuación política es ya igual de irrelevante que su continuidad, porque el responsable de un caos tan enorme en el mantenimiento de las infraestructuras españolas en los últimos ocho años es el Gobierno, es decir, Pedro Sánchez. Lo único bueno es que ahora, por una vez, no puede hacer su movimiento favorito: esconderse detrás de otro.

En todo caso, no se muevan de la silla. El guion está escrito y solo hemos visto el primer capítulo de la serie.

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