LEER ES UN PLACER
"La extraña derrota", de Marc Bloch: "La abdicación de la inteligencia"
La simpatía que despierta el Club Atlético de Madrid entre la parroquia deportiva española es transversal: en el reconocimiento de sus éxitos más recientes, que podrían agrandarse hasta auparlo al lugar que -por entidad e historia- le corresponde en el panorama europeo, confluyen las dos Españas futbolísticas. Aficionados, tertulianos y medios de comunicación -merengues y blaugranas- elogian a ese vecino pobre aún cuando su irrupción en escena suponga una amenaza evidente para el bipartidismo que tradicionalmente ha caracterizado a nuestro Campeonato Nacional de Liga. Quizá por combatir la expresión deportiva de la dicotomía -económica, social y, sobre todo, política- en la que, de manera permanente, parece sumido el país.
Ahora bien, el laurel actual esconde una evolución controvertida que resulta, aunque a otro nivel, un tanto familiar. Como en la economía española, a orillas del Manzanares se vivieron años de burbuja y excesos culminados con la intervención de sus finanzas y la designación de un administrador judicial. La presencia de los hombres de negro en la casa atlética coincidió con su descenso al infierno (Segunda División). A lo que siguió una recuperación tortuosa que sólo el retorno de Diego Pablo (el Cholo) Simeone, esta vez en calidad de entrenador, logró apuntalar. De su "partido a partido", que sintetiza la estrategia para la consecución de retos, individuales y colectivos, convendría extraer lecciones.
Con una dosis envidiable de motivación, y en apenas dos años, el Cholo hizo de una amalgama débil de jugadores -carente de identidad y en puestos de descenso- un grupo compacto, unido y solidario que -conocedor de sus limitaciones, pero también de su talento- se sabe responsable único de su destino. Y demostró, de paso, que una gestión acertada trasciende el volumen presupuestario: consiguió sus objetivos, con un coste cinco veces menor que el de sus principales competidores, tras reinventar un producto vintage de las huestes rojiblancas, como es el fútbol físico; de pizarra, velocidad y contragolpe. Pero el cholismo es todavía más. Es concentración, sacrificio y esfuerzo donde hubo pelotazo; es confianza y autoestima donde cundían la fatalidad y el desánimo. Es aspirar a los derechos sin rehuir las obligaciones. Es ilusión labrada desde la humildad. Y es liderazgo. Y es cambio. El cholismo es, en definitiva, buena parte de lo que falta en un país como el nuestro, que ya crece y se recompone mientras, paradójicamente, se agranda la crisis.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
LEER ES UN PLACER
"La extraña derrota", de Marc Bloch: "La abdicación de la inteligencia"
Eduardo Medrano
TAL DÍA COMO HOY
Pablo VI
Manuel Orío
RECORTES
Enseñar al que no sabe
Fernando Ramos
Historias de un sentimental
Aquellas leyendas del fútbol ourensano que no se deben olvidar
Lo último
TRAS LA SENTENCIA DEL TJUE
Puigdemont denuncia ante la Comisión Europea el incumplimiento de la ley de amnistía por parte de España
ORÁCULO DAS BURGAS
Horóscopo del día: miércoles, 22 de julio
PROMOCIÓN INDUSTRIAL
A Xunta reforza a súa aposta polas firmas de automoción
VIOLENCIA DE GÉNERO
Otros dos asesinatos elevan a 31 las víctimas del machismo