Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
Un querido colega que está trabajando en un libro sobre la historia de la música ligera en España en los años sesenta, aquel tiempo del Festival de Benidorm, de la Canción del Mediterráneo, del de Mallorca y otros ha contactado conmigo para pedirme la documentación que pueda tener sobre el Festival del Miño, desaparecido hace medio siglo, del que debo ser el único que se acuerda, incluida una grabación original en la que lo estamos transmitiendo Carlos Cabaleiro y yo, incluidas las canciones de aquella edición. Ya les he contado que un alcalde de Vigo, muy popular y controvertido, de apellido Portanet, tanteó la posibilidad de traerlo a Castrelos. Fue una lástima. Hubiera lucido mucho en el gran parque con que cuenta Vigo. Alguna vez me lo he imaginado. Conservo una preciosa entrevista con Joan Manuel Serrat, que viniera como atracción especial a finales en una de las primeras ediciones que se celebraron en el Pabelllón de los Remedios. Esa entrevista también está en el Arquivo Sonoro de Galicia en Santiago.
El Festival de la Canción del Miño, luego Festival Hispano-Portugués de la Canción del Miño y por fin Festival de la Canción del Miño-Canción del Mundo Celta (con participación, además de españoles y portugueses, de autores e intérpretes de Irlanda, Gales y Bretaña francesa), que de los tres modos se denominó, tiene una historia que rivalizan con otros de su tiempo, como los citados de Benidorm, el Mediterráneo (este en Barcelona) y Mallorca. Pero también en Aranda del Duero y Costa Verde (en Gijón) La historia de este festival se ha contado mil veces. Nace en la Agencia de Publicidad Central, donde dos ilustres periodistas locales Gonzalo Belay Pumares y Luis López Salgado (“Pitis”) hacen suya la idea de un ciudadano portugués. La primera edición (1965) acaba con déficit, pero la Comisión de Fiestas echa una mano y salva la situación (en total unas 200.000 pesetas de la época). El alcalde de entonces David Ferrer consideró que era una buena idea y lo incorporó a las fiestas de la ciudad. Pero conviene recordar que el verdadero autor de la idea fue un señor portugués del que siempre se habla y que nunca pudimos identificar. Y que conste que lo intenté.
Cuando llega el tiempo en que se preparaba el festival, siempre me acomete la nostalgia de otros tiempos, Como el festival era galaico-portugués, la canción lusitana se seleccionaba en una fase previa celebrada en el monumental Teatro Jordao de Guimaraes, y allí íbamos los medios informativos de Ourense a disfrutar de una fiesta por todo lo alto. Un hombre fundamental de la organización era el periodista Juan Carlos Villacorta, experto en la materia. Aparte, el festival se presentaba en Madrid y en Oporto, y en aquellos días, a su inicio, se celebraba una recepción a los artistas, autores, invitados, medios informativos y autoridades en el Ayuntamiento, El Festival del Miño era algo más que un concurso musical, era un gran acto social que convocaba a todo Ourense, primero en el Jardín del Posío y más tarde en el pabellón de los Remedios. En alguna ocasión fue transmitido por la Televisión Española, gracias al éxito de las gestiones realizadas desde Ourense con Adolfo Suárez, que antes de ser director general ya ocupara altos cargos en el medio, y además todos los años por la radio, donde yo mismo tuve esa misión varias veces.
El ambiente de aquellas recepciones era muy grato y estaba presente una representación de todo Ourense
He contado que en aquellas noches de verano, en el pabellón, fuimos testigos de la “liason” de algún directivo de TVE que estaba en el jurado con alguna de las componentes del trío “La La la”, con la que se notaba la confianza. Otra de las tradiciones de aquel tiempo, la recepción del Ayuntamiento servía para proyectar a través de los periodistas de otros lugares de España y de otros países la imagen de una ciudad acogedora, moderna, y proyectada hacia el futuro. Había discursos se servía un “vino español” por todo lo alto. Era de ver la largueza del Ayuntamiento con el refrigerio. Pocas veces en mi vida, y he estado en unos cuantos, en un verdadero almuerzo. El ambiente de aquellas recepciones era muy grato y estaba presente una representación de todo Ourense. Todos felices de mezclarse con los cantantes de moda que venían al festival. Ya hemos contado que Víctor Manuel, que ganó una de las primeras ediciones, contaba que aquel dinero fue fundamental para que pudiera seguir su carrera.
El festival tuvo además serios enemigos que no comprendían el sentido de concurso de la canción ligera y reclamaban un sentido militante que no estaba en el programa. Siempre he sostenido que aquel entrañable evento podría haber sobrevivido hasta nuestros días para seguir siendo el plato fuerte de unas fiestas de la ciudad que progresivamente cada año vienen en menos. De cuando celebraba en el Posío, en la grata noche ourensana quedaron frase para la historia, como cuando el concejal de Fiestas, Manolo Rego, dijo que los gorriones de aquel jardín eran los que mejor trinaban de Occidente. Y yo creo que es verdad.
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