Carlos Risco
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El pasado mes de febrero, varias asociaciones españolas de la enfermedad ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica) se presentaban en el Congreso para reclamar la urgente tramitación de una Ley que garantice una vida y una muerte mínimamente digna.
Cuatro años después de su primera aprobación, por fin parece que nuestros representantes están de acuerdo y no habrá más trabas. No está mal
De los 350 diputados pagados por todos los españoles sólo seis tuvieron la delicadeza de presentarse y escuchar a los afectados, encabezados por el exfutbolista Juan Carlos Unzué. Unzué, educado y contundente, sonrojó a nuestra clase política recriminando su dejadez ante el bochornoso retraso de su actualización. Cuatro años después de su primera aprobación, por fin parece que nuestros representantes están de acuerdo y no habrá más trabas. No está mal.
A cerca de 3.000 personas ya no les hará falta, porque están muertas. El resto recibirá, suponemos, esa partida de 38 millones para que los afectados y familias tengan una atención permanente. A algunos les parece un gasto excesivo. No así los cerca de 2.000 que adelantamos para un estupendo Mundial de fútbol.
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