La ley de la maletita

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Publicado: 14 may 2025 - 00:20
Opinión en La Región.
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Francisco fue un papa muy preocupado por la comunicación, aunque sin llegar a la obsesión de Sánchez. El papa laico Pedro I no tiene la ayuda de Dios ni de la multinacional más poderosa de la Historia, la Iglesia, de modo que a veces se cortocircuita y convierte en apagón, bulos y máquina del fango la autodefensa de sus numerosos errores. Eso le aproxima al pecado tanto humano como político, entiéndase whatsapps a Ábalos, lo que a juicio de las urnas jamás tendrá el perdón que a menudo suplica sin hacer penitencia alguna y sin dar muestras de arrepentimiento.

León XIV tiene fama de conocer bien los resortes de la comunicación, fundamental para llevar a cabo su labor eclesiástica, evangelizadora

Allá por 2013, recién estrenado su papado, Bergoglio tenía que realizar su primer viaje oficial a Lampedusa. Los medios se agolpaban en el aeropuerto de Roma desbordados de expectación y curiosidad por ver el nuevo Pontífice en la distancia corta de su labor religiosa y espiritual. Los periodistas vieron que el Papa no terminaba de subir la escalerilla, porque hacía tiempo de forma deliberada en espera de una señal, seguramente divina. Había preguntado a sus asistentes dónde estaba su maletita o carterita de mano, hasta que le confesaron, a un Papa no se le miente o no se le debe mentir, que la maletita ya se encontraba a bordo con el resto del equipaje. De repente, uno de ellos, transcurridos diez tensos y largos minutos, llegó con la maletita, se la dio, y finalmente Francisco subió la escalera del avión como él quería, con su modesta maletita gastada por el tiempo, la austeridad y el voto de pobreza. No era superstición ni cuestión de capricho ni nada por el estilo. Simplemente era cuestión de imagen, porque el nuevo papa sabía lo importante que era conectar con los fieles y con los medios a la hora de viajar y de predicar la palabra de Dios dando ejemplo.

León XIV tiene fama de conocer bien los resortes de la comunicación, fundamental para llevar a cabo su labor eclesiástica, evangelizadora. Y sabe que ha de hacerlo desde la verdad, no como otros. Debe hacerlo sin apagones ni desinformación, para lograr la credibilidad que se espera de la Iglesia católica del siglo XXI. En los primeros compases de su Pontificado ha dado muestras de plenitud intelectual y de confianza en la fe, pero ya están algunos apropiándose, como continuador de Francisco, de una ideología agustina tirando a progre. Hay que ver, pero siguen equivocándose quienes atribuyen a un papa tendencia política, porque entre sus obligaciones está por igual defender a los pobres, a los migrantes y a los desfavorecidos tanto como defender la vida con el rechazo del aborto y la eutanasia. Eso, en términos de comunicación y religión, es adaptarse a los tiempos modernos de una vieja Iglesia sin renunciar a los dogmas tradicionales de sus creencias. Insisto, Prevost será un papa del siglo XXI con los pies en la tierra, el pensamiento en la Biblia y la obra fiel a los mandamientos de las Tablas de la Ley. Nada nuevo y a la vez muy novedoso. Tan conservador como progresista, intento decir. O sea, la Ley de Dios y la maletita.

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