Leyendo el pasado

Publicado: 07 jun 2026 - 00:10
La Región

En marzo de 1979, la revista Popular Science publicó una guía de compra que hoy resulta fascinante releer. No iba dirigida a ingenieros ni a entusiastas de la electrónica. Iba dirigida a familias corrientes que no sabían exactamente qué era un ordenador pero empezaban a oír que podían comprarse uno.

La estrategia de venta era inteligente en su modestia. No se hablaba de revoluciones ni de transformaciones históricas. Se hablaba de cosas concretas y pequeñas: esta máquina te ayudará a llevar las cuentas del hogar, calcular los impuestos, organizar el presupuesto familiar. Algo útil, asequible y nada amenazante. Sin promesas imposibles ni alarmas tecnológicas. Solo: aquí hay una herramienta que puede ahorrarte el trabajo aburrido del sábado por la mañana.

Ese documento de hace casi cincuenta años es un espejo perfecto de lo que ocurre hoy con la inteligencia artificial. El guion es el mismo. No se vende ChatGPT explicando la arquitectura técnica que hay detrás. Se vende como el asistente que te ayuda a redactar el correo difícil, preparar la reunión del lunes u organizar las vacaciones de verano. Útil, asequible, nada amenazante.

En la Costa da Morte gallega, los marineros que llevan siglos leyendo el mar saben que las grandes transformaciones no llegan de golpe

Lo que aquella guía de 1979 no podía anticipar -porque nadie podía saberlo entonces- es que las familias que compraron aquellos ordenadores para llevar sus cuentas estaban comprando, sin saberlo, acceso al trabajo remoto, a internet y a treinta años de transformación laboral y cultural. Del mismo modo, quienes hoy usan IA para reescribir correos están participando en algo cuyo alcance real solo comprenderemos décadas después.

La barrera de acceso se ha reducido en cada generación tecnológica. En 1977, tener un ordenador en casa exigía saber soldar circuitos. En 1979, llegaron listos para enchufar. En 1984, el lenguaje BASIC permitía programarlos sin estudiar informática. Hoy el procesamiento de lenguaje natural ha completado ese recorrido: simplemente hablas, y la máquina entiende.

En la Costa da Morte gallega, los marineros que llevan siglos leyendo el mar saben que las grandes transformaciones no llegan de golpe. Llegan como la marea: sin prisa, sin avisos dramáticos, pero con una constancia que va cambiando el paisaje sin que nadie pueda señalar el momento exacto en que todo cambió. Dentro de cuarenta años, alguien releerá los artículos de 2026 sobre IA doméstica con la misma fascinación con que hoy releemos esa guía de Popular Science.

La diferencia entre 1979 y 2026 es que entonces nadie podía prever las consecuencias. Hoy tenemos más información para anticiparlas, y aun así seguimos adoptando las herramientas para la tarea pequeña sin pensar en lo que esa adopción construye a largo plazo: las dependencias que crea, lo que significa que las decisiones sobre cómo funciona esa herramienta las tome alguien que no somos nosotros. La conciencia no es el enemigo de la eficiencia. A veces es lo que la hace sostenible.

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