Limosna turística al peregrino

Publicado: 02 oct 2025 - 05:10 Actualizado: 02 oct 2025 - 22:40
Opinión en La Región
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Al personal no le sale de cuenta la tasa turística cuando planifica vacaciones y el Concello que no saque la caja estará palmando dinero. A Coruña y Santiago han sido los primeros en activar la recaudación. Un euro o dos por noche, según la categoría del establecimiento, para controlar el aforo, mantener el decorado y reparar daños tras el paso de viajeros en manada. Los cruceristas comenzarán a contribuir a partir de enero.

El turismo es una masa tan necesaria para el negocio como molesta para el vecindario. El Tribunal Superior de Xustiza de Galicia denegó ayer la suspensión cautelar de la tasa, como demandaba la Asociación Unión Hotelera Compostela, indicando el recorrido judicial que tendrá el recurso contencioso administrativo presentado por la coruñesa Hospeco.

El ser humano desde que es no puede evitar pasar sin dejar marca. La pegada ya la solucionarán los que quedan

Por uno o dos euros nadie cambia el plan, ni el viajero ni el que abre la hucha. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, en Santiago se registraron 696.085 pernoctaciones en los primeros seis meses del año, 479.519 en A Coruña y 372.190 en Vigo. La corporación olívica ya ha iniciado los trámites para aplicar “al visitante una contribución razonable, equivalente a tomar un café, por la amplia oferta de actividades que organiza la ciudad como la Navidad, O Marisquiño o la Reconquista”. Abel Caballero también ha visto la luz.

Uno de los colegas más efusivos con el Camino de Santiago envió una foto de una señal en la que se tendría que leer Portomarín tapada por pegatinas de diferentes puntos del planeta. “Incivismo peregrino”, se quejaba en el mensaje. “Las pegatinas son una auténtica plaga, no hay señal que se libre”. El ser humano desde que es no puede evitar pasar sin dejar marca. La pegada ya la solucionarán los que quedan.

Por la molestia y el trabajo tampoco estaría de más imponer limosna turística al peregrino para que la tarde en la que Paulino, en su coche sin navegador ni ganas de tenerlo, dude en el cruce de Portomarín, pueda orientarse por la señal de tráfico que habrá que limpiar o reponer, en los dos casos con coste. Como tantas otras de un largo Camino. Y en el casco histórico de Santiago acabará siendo necesario insonorizar las viviendas para que soporten la trompetería final de un peregrino emocionado que regresa a casa sin dejar limosna.

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