Llega el trumpismo, nada será como antes

Publicado: 12 ene 2025 - 00:23 Actualizado: 12 ene 2025 - 10:01

El pasado día 6 de noviembre sucedió lo que los observadores más serios del pensamiento lógico consideraban imposible. Al amanecer de ese día, el mundo entero se despertó con la realidad. Donald Trump había arrasado en las elecciones celebradas la víspera. El hombre que en un juego de espejos cóncavos mezcla la verdad con la mentira y el bulo con la verdad llegaba a la máxima magistratura del país más poderoso e influyente de la tierra. Los americanos le votaron masivamente, pero esto no es óbice para que analicemos, incluso con cierta pasión, la perturbación que va a suponer esa presidencia en el paisaje geopolítico mundial.

Los caminos que le han llevado de vuelta a la Casa Blanca han sido más azarosos de los que conducen a la santidad. Ha sobrevivido a varios procesos penales, a dos tentativas de asesinato, a las despiadadas críticas de muchos de sus antiguos colaboradores que le consideraban incapaz, caprichoso, idiota y por supuesto fascista

La primera vez que llego a la Casa Blanca podía considerarse una carambola de la historia, ahora no. En esta ocasión conocemos bien a este millonario demagogo y clown narcisista, de ahí la preocupación universal que se extiende por todo el planeta y con mas razón sabiendo que ahora llega con mayor legitimidad, con más poder en las dos cámaras, más preparado para el desempeño de su oficio y con unos confesados deseos de venganza. Los caminos que le han llevado de vuelta a la Casa Blanca han sido más azarosos de los que conducen a la santidad. Ha sobrevivido a varios procesos penales, a dos tentativas de asesinato, a las despiadadas críticas de muchos de sus antiguos colaboradores que le consideraban incapaz, caprichoso, idiota y por supuesto fascista. Hay un acuerdo generalizado que estamos ante un hombre que tiene problemas para distinguir el bien del mal y que carece del mas mínimo sentido ético. Martin Kettle, editorialista del periódico británico Guardian, escribió sobre esta elección: “Los electores americanos han cometido un acto terrible e imperdonable. Han prescindido de la ética, tampoco han tenido en cuenta las reglas comunes que rigen el mundo, generalmente para mejor, desde 1945”.

Estas últimas semanas, mientras esperamos la investidura de Donald Trump, el próximo día 20, el palacio hispano morisco del magnate en Palm Beach (Florida) se ha convertido en una sucursal de la Casa Blanca, por allí desfilan al atardecer variopintas caravanas de políticos, especuladores y grandes de todas las actividades en busca de prebendas y de negocios. Una mezcla preocupante de políticos y business. Muy del agrado de Trump.

Todo un circo, uno de los payados de ese circo, aparte de Trump, es el millonario Elon Musk. El hombre mas rico del mundo tiene un puesto indefinido como asesor presidencial para la eficacia de la Administración, algo nebuloso, pero se comporta como vicepresidente ejecutivo y un peón básico para la geopolítica. Se está revelando como un peligroso filonazi y sólido ultraderechista. Este hombre dueño de la plataforma X, antes Twitter, está convirtiendo su red en una perfecta máquina de bulos y mentiras. Fango puro. Estiercol fertilizante.

Por los salones del palacio rococó llamado “Mar a Lago” se mueve una variopinta fauna que va desde el presidente argentino, Javier Milei, al propietario de la plataforma Meta, Mark Zucherberg, que ha aceptado los postulados informativos de Trump y Musk. Su plataforma he renunciado a verificar la veracidad de las noticias que publica, y lo que resulta más sarcástico es que renuncia a comprobar la veracidad de lo que se publica en sus redes en nombre de la libertad. Para justificarse dice que en Facebook e Instagram había demasiada censura. A la vista de estos virajes, nuestro futuro será vivir en el reino de la mentira, el bulo y las medias verdades. Un aire venenoso y perverso. Profundamente tóxico. Un clima febril e impaciente contamina en estos días de espera los corrillos que se mueven alrededor del presidente electo.

Hasta ahora había sido Rusia la que proyectaba la injerencia en los procesos electorales de otros países, ahora también están jugando ese papel personalidades relevantes del próximo Gobierno estadounidense. El papel del multimillonario Elon Musk apoyando al partido filonazi alemán AfD con vistas a las próximas elecciones en ese país resulta particularmente llamativo. Al publicar una columna de opinión en el diario Die Welt pidiendo el voto para ultraderecha tan diáfana y racista, Musk se convierta en un importante activo de la ola reaccionaria que se extiende por el mundo. Justifica su injerencia en nombre de los intereses económicos que tiene en Alemania. En uno de los espacios de su artículo afirma: “Alemania está al borde de hundirse económica y culturalmente y la única luz de esperanza que puede evitar ese lamentable futuro brilla en al partidoAfD”. Este extravagante millonario apoya su esperanza en el retorno del espectro de Hitler,el el hombre más malvado que ha producido el género humano. Los dirigentes alemanes, incluido el canciller, asisten con asombro a esta injerencia y recuerdan que la presencia de un oligarca extranjero en la campaña electoral es vergonzosa y humillante.

El secretario general del partido SPD, Matthias Miersch, escribió: “Ofrecer una plataforma a un tipo como Musk para que defienda y promocione a los enemigos de la democracia y del estado de derecho, es olvidar el lado más oscuro y trágico de nuestra historia.” Dentro de la redacción de este periódico conservador, el artículo ha levantado un tumultuoso debate. No se trata de periodismo, ya que el artículo de Musk es una publicidad electoral en favor de un partido de extremísima derecha disfrazado de periodismo.

En los últimos tiempos. Musk hizo llamativos acercamientos a líderes de extrema derecha europeos como la italiana Giorgia Meloni o el inglés Nigel Farache, gran instigador del Brexit, pero al tiempo que se acerca al líderes derechistas, ataca sin piedad a socialdemócratas como el primer ministro inglés Keir Starmer. Lo hace con la clara intención de destruirle, y para lograrlo ha resucitado un caso que tuvo lugar hace doce años cuando estaba al frente de la fiscalía. Le ataca con saña. Lean lo que escribe Musk: “Starmer debe dimitir y hacer frente a las acusaciones por su complicidad por el peor crimen en masa cometido en el Reino Unido”.

Faltan menos de 10 días para que se instale en el despacho oval de la Casa Blanca. Una llegada que despierta más temores que esperanzas, llega con intenciones expansionista e ínfulas imperiales. Trata de resucitar el viejo lema del presidente Monroe: “America para los americano”, pero en este caso a lo bestia, y se es necesario recurrir a la fuerza, recurrirá. Eso ha dicho. Quiere anexionar Groenlandia, comprándola o por otros métodos, a pesar que tanto el gobierno danés como el autónomo de la isla le han dicho que no está en venta, A pesar de todo, Trump sube los decibelios de su retórica imperialista. En esta espiral que cobra fuerza en el movimiento MAGA (Make America Great Again) incluye la recuperación del Canal de Panamá, cuya gestión y soberanía fue traspasada en el año 1977 del pasado siglo en la negociación conocida como los acuerdos Torrijos-Carter, y el gran salto de sus intenciones es convertir a Canadá en el estado 51 de los Estados Unidos y el actual primer ministro debe conformarse con ser el gobernador de una provincia americana. Los canadienses se han revelado sonoramente contra esta posibilidad. Otra de sus obsesiones es implicar al ejército en la lucha contra los cárteles mexicanos de la droga, también quiera bautizar las agua marítimas conocidas como Golfo de México, calificándolas de americanas.

¿Delira Trump con estas pretensiones? Veremos. Lo cierto es que el mundo con Trump en la Casa Blanca va a tener muchas pesadillas.

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