Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
La sociedad, tan sabia y serena en su comportamiento cívico y sentido democrático, esperaba una pronta, inmediata, solución al llamado “escudo social” que se tramita vía decreto-ley con debate y votación en el Congreso. Por eso, las polémicas, denuestos y argumentaciones tremendistas, de un lado y de otro, tras la negativa de PP, Vox y Junts a aprobar el llamado decreto ómnibus de la pasada semana, respondían al acostumbrado teatrillo montado por la oposición y el bloque que sostiene al Gobierno. Sólo los muy cafeteros revisaban las pilas del megáfono y preparaban las pancartas para una movilización social que todos juzgábamos prematura. Nadie como el PSOE conoce, a estas alturas, la auténtica dimensión de la rauxa que Junts, en su fraternal enfrentamiento con ERC, verbaliza para el electorado catalán. Y nadie como Junts sabe de la cintura y capacidad de encaje de Sánchez y el PSOE para lograr un acuerdo que apuntale, una semana más, la mayoría que sostiene al Gobierno.
El PP dispone de más escaños que el PSOE, pero ha jugado peor sus cartas, tan condicionado por la presencia de Vox, el más eficaz repelente de PNV y Junts.
Sánchez ha salvado el “escudo social” y, en consecuencia, los pensionistas, los usuarios del transporte público, los afectados por la dana y los beneficiarios de bonos sociales respiran más tranquilos. El ruido democrático, que el presidente ha contrapuesto al silencio autocrático, tiene estos sobresaltos y estas piruetas en el circo parlamentario. En el actual momento político español, conviene recordarlo, la mayoría parlamentaria se reinventa y reinicia prácticamente cada semana y esto, lejos de ser una anomalía insufrible, es un mérito del sistema democrático y de quienes lo hacen posible. No estaba escrito que Sánchez consiguiera mantener unido lo que a veces parece pugnar por deshacerse. Feijóo no partía en peor situación, de hecho el PP dispone de más escaños que el PSOE, pero ha jugado peor sus cartas, tan condicionado por la presencia de Vox, el más eficaz repelente de PNV y Junts.
Toda esta maquinaria de apoyo al Gobierno, hecha con materiales diversos, algunos incluso de derribo, tienen necesariamente que chirriar y traquetear; perder de vez en cuando algún tornillo, un manguito o un resorte y, en consecuencia, provocarse algún revolcón en forma de derrota en el Congreso. Si algo ha aprendido el PSOE en su larga historia, es que solo desde el Gobierno es posible ser eficaz y llevar a la práctica las promesas electorales. Para ese objetivo ha dispuesto una estrategia de resistencia activa -“buscaré los votos debajo de las piedras”- que tiene en la negociación permanente su piedra de toque.
De todo este ruido democrático, Feijóo y el PP pueden aprender mucho. Llevan demasiado tiempo empantanados en la oposición, en el orgulloso aunque ingrato papel de la zorra ante las uvas de la fábula. Las uvas están maduras, lo están siempre para el Gobierno.
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