Lujuria en la ciudad

EL ÁNGULO INVERSO

Publicado: 19 oct 2025 - 00:10
Lujuria en la ciudad
Lujuria en la ciudad | Alba Fernández

“¿Qué tal?, Jaime, ¿te miraste por la mañana al espejo y saludaste a tu enemigo?” Me guiña el profesor sonriente cuando llego.

Hoy estamos toda la tribu en nuestra guarida. Unos, vodka, y otros, el clásico gin tonic. El profesor está muy ingenioso y nos suelta: “Hace tiempo que no hablamos de nuestros pecados; así que propongo que hablemos de ellos. De la lujuria, por ejemplo”. Pregunta: “¿Alguien sabe lo que es el complejo de Dafine”. Salta el psiquiatra: “Abunda mucho en nosotros los varones ese complejo, que es el miedo exagerado a las relaciones, en especial a la penetración sexual”.

Dice el pintor: “¡Vaya si creció ese complejo estos años con la liberación de la mujer!; como si un miedo antiguo atenazase a algunos hombres”. Se ríe: “Bueno, el mítico macho español ya es una imagen en blanco y negro de las películas de Paco Martínez Soria”.

Interviene el abogado: “Es triste cómo no cesan las violaciones en estos tiempos líquidos. Yo estuve algunos años en un seminario, allí me enseñaron que la lujuria era un pecado muy bíblico. Nos decía el padre Damián: “La biblia afirma que es el peor de los pecados, contra ella no se puede luchar, hay que huir, no hay opción. Los profetas gritaban contra los fornicadores, recordad Gomorra y Sodoma”.

Intervengo buscando un cambio de tercio: “¿Esta Auria, nuestra ciudad, es lujuriosa?” Hay risas.

Me atrevo a añadir: “En mi opinión a esta olvidada ciudad la cubre cierta aura lasciva. Ya nuestro libro de cabecera “A esmorga” es un viaje al límite del sexo. Ninguna otra ciudad tiene un libro como este que la defina”. El gran Yosi en su tema de Los Suaves cantó: “Una ciudad llamada perdición”.

Todos coincidimos: si miramos, por ejemplo, al siglo XX, nuestro barrio chino, la mítica calle Villar, fue con mucho el más numeroso de toda esta tierra galaica.

Me atrevo a añadir: “En mi opinión a esta olvidada ciudad la cubre cierta aura lasciva. Ya nuestro libro de cabecera “A esmorga” es un viaje al límite del sexo. Ninguna otra ciudad tiene un libro como este que la defina”. El gran Yosi en su tema de Los Suaves cantó: “Una ciudad llamada perdición”.

Me embalo y narro: “Conocí y entrevisté a una prostituta muy anciana que me contó de aquellos años. “Aquilo era un formigueiro, neno. Agora as que se dedican a isto no son como eramos nós. Son máis frías. Eu tiña os meus ponientes e dáballes o que na casa non lles daban. Saían confortados, eu aconsellábaos, salvei algúns matrimonios... Xa sabe, ninguén coñece mellor a un home ca unha verdadeira prostituta”.

Cielo santo, casi no me deja terminar, Ana nuestra única contertulia dice casi enfurecida: “Parece que defendéis la prostitución, que es incompatible con la dignidad humana”.

La corta el pintor: “Venga, chica, es el empleo más antiguo de la humanidad. Para mí una trabajadora sexual hace un trabajo casi sanador. Creo que no se debe criminalizar la prostitución”.

Se levanta Ana y dice alterada: “No habláis de las mafias que controlan a las mujeres: llegan de Sudamérica, les sacan los pasaportes y no se los dan hasta que pagan una elevada cantidad. No habláis de los chulos que las maltratan, ni de los turbios burdeles ni de la corrupción de menores ni de la intimidación que ejercen sobre las más vulnerables. No os vi en la manifestación del 23 de septiembre, el Día internacional contra la explotación sexual”.

Los tertulianos guardamos silencio.

Ana se levanta. Ya de pie y antes de irse nos espeta: “Sois unos putos carcamales salidos”.

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Se va con paso airado. Ya en la puerta, le suelto: “Al menos estarás de acuerdo con aquella máxima de mi generación. Haz el amor y no la guerra”.

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