Mi madre y el cuco, y otras aves

PERDÓN POR LA MOLESTIA

Antonio Nespereira trae una nueva entrega de "Perdón por la molestia".

Publicado: 22 mar 2026 - 06:40
Perdón por la molestia | Mi madre y el cuco, y otras aves
Perdón por la molestia | Mi madre y el cuco, y otras aves | La Región

Martín se llamaba el cuco de Álvaro Cunqueiro y con él tenía conversaciones fantásticas. El ave ya anda por aquí. Mi madre era muy de la primavera. Para ella comenzaba ya en diciembre, por Santa Lucía. A fin de cuentas, ahí “devece a noite e medra o día” y ese era uno de los síntomas de que el invierno sería breve. Tenía otras sentencias, como que por Navidad el día avanzaba al paso de una gallina o que en febrero, por San Blas, “hora y media más”.

En enero ya esperaba por la floración de las mimosas, pero cuando mi madre sublimaba la primavera era bien entrado marzo, quizá abril, con la llegada del cuco, uno de sus embajadores. Hacía años que se sentía burlada por el pájaro, que no lo oía con claridad, pero ella lo atribuía a cualquier cosa menos a su pérdida auditiva. No escuchar el monótono cántico del ave no le hacía presagiar nada bueno y tiraba de refranero: “Si entre marzo e abril o cuco non ven ou o cuco morreu o veu o fin”.

Mi madre estaba fascinada con la primavera y el canto del cuco. Este guardó un minuto de silencio a su muerte

Se quedaba contrariada cuando yo le decía que el cuco ya cantaba, que lo había escuchado con claridad. “¿Seguro?”, me preguntaba. Totalmente, mamá. Se tuvo que contentar con mi narración porque nunca más lo escuchó. Fue por finales de marzo y comienzos de abril cuando un proceso de salud le llevó al hospital. No era la primera vez que entraba por urgencias, pero intuí su sospecha de que no habría puertas giratorias. Durante unos días pensé que la falta de su sonrisa sería como un eclipse pasajero. Solo hubo un único destello. Marchaba de casa una mañana para estar con ella en el hospital. Al salir del garaje escuché el cuco. Apagué el coche, esperé un rato, me quedé con su tono y lo llevé conmigo hasta los pies de su cama. Nada más darle un beso le dije que había escuchado el canto del ave. Estiró la comisura de los labios y musitó: “¡Que bonita é a primavera, a min sempre me gustou, xa de nena!” Mi madre murió en primavera y la despidió el sol. He ido a caminar con frecuencia al monte desde el día siguiente de su fallecimiento deseando escuchar al cuco, pero no cantó. Quiero creer que guardó respetuoso silencio en señal de luto por su admiradora. Este año ha vuelto, me hizo ilusión creer que me traía sus saludos.

Aviso: dejaz en paz a los muertos

Un personaj de Cunqueiro, Penedo de Rúa, "hablara alguna vez con un cuervo". Desde un mojón del camino le advirtió: "No te fíes de tu abogado". Dicen que son pájaros de mal agüero, poco primaverales, a diferencia del cuco, asociando su graznido y negro plumaje a la muerte. Soleiro, otro personaje cunqueiriano murió y se reencarnó en cuervo "y vino del otro mundo a decirle a su viuda que no vendiese unas fincas". Sin embargo los vecinos creían que lo que en verdad pedía era "que no se casase otra vez". Un mito celta cuenta que el Rey Arturo no ha muerto, que se ha reencarnado en este pajarraco y sobrevuela incluso los cementerios.

Este Ourense de esperpentos vive con pasmo que "la banda de los cristos" ha "saqueado" varios camposantos. El botín es el metal de sepulturas y nichos, da igual crucifijos que argollas. Mala cosa robar cosas de muertos en el Ourense de las ánimas y la Santa Compaña, y ofrecérselas a chamarileros. Las sepulturas no tienen sistema de alarma antirrobo, no son chalés de lujo a cuyos dueños se puedan secuestrar a cambio de dinero. Sin embargo, sí se pagarían rescates porque no se turbase el descanso y la paz de los que habitan su última morada. Todos tenemos ya seres que han hecho la mudanza y para los que exigimos que no dañen su memoria, que es la nuestra. A los autores de semejantes fechorías que les pase como a Secundino Prieto, otro onírico ser del universo de Cunqueiro, que pasó su vida enfermo sin saber la causa de sus crónicos males. Entre sus sospechas, "una noche fría, en la que pudo tropezar con un viento helado al pasar por el camposanto de Fillade".

Las cigüeñas son aves migratorias

El cuento "Las cigüeñas" de Hans Christian Andersen describe un estanque en el que están todos los bebés hasta que las cigüeñas van a buscarlos y llevárselos en el pico a sus padres. Otras invenciones y leyendas han hecho fortuna asociando el nacimiento a este ave de largas y delgadas patas y prominente pico. Por la primavera regresan las aves migratorias, he visto también golondrinas en vuelo rasante y picados imposibles para beber en un estanque sin perder velocidad. Por esta estación también el milagro de la brotación, pero no todo florece.

A las parejas le falta la fotosíntesis primaveral y a este paso se extinguirá el "ourensanus sapiens"

Los problemas demográficos ourensanos son de hoja perenne, permanecen ajenos a los cambios de estación. A las parejas ourensanas les falta fotosíntesis primaveral, carecen de oxígeno y a este paso acabarán con la especie ourensanus sapiens. Contaba el periódico que en enero solo nacieron 90 nativos, la cifra más baja en los últimos 30 años. O sea, permanecemos en un invierno de natalicios, aunque la estadística diga que el número de habitantes crece levemente, eso sí, gracias al impulso de la inmigración. Aquí tienen su tierra de acogida, nadie imputará a los mandatarios de sus países de origen a la vuelta de cinco o seis siglos que han venido a comer el pan de los locales como está pasando ahora con España. Si ante el agotamiento del aborigen ourensano sangre foránea suple la despoblación, adelante. El cuco siempre regresa, lo hace anunciando la imprescindible primavera. Su presencia es mucho más agradable que la del cuervo, con su negrura de muerte. En eso tenía razón mi madre. Y en otras cosas.

Mira tú | LA hiedra mata como la boa constrictor

La torre de Sande se agrieta por el abrazo de una hiedra.
La torre de Sande se agrieta por el abrazo de una hiedra. | Martiño Pinal

Mira tú como también se cae a pedazos el patrimonio que la provincia atesora durante siglos. Mira tú lo lejos que queda aquel orgullo de ser de las provincias españolas con la más rutilante monumentalidad. Mira tú como la Torre de Sande, en Cartelle, que data del siglo XII y ha sido declarada Bien de Interés Cultural (BIC), comienza a claudicar. Mira tú como la Administración siempre acaba encontrando disculpas para lo que no le interesa y dice que está en manos de propiedad privada, por lo tanto que pase el siguiente. Mira tú como las hiedras abren profundas grietas en la piedra y aceleran su ruina como el abrazo de la serpiente boa constrictor. Mira tú que ya que no tienen solución para las hiedras de la Torre de Sande, al menos encontramos consuelo en el bolero de Los Panchos: "Jamás la hiedra y la pared / podrían apretarse más / igual tus ojos de mis ojos / no pueden separarse jamás." Algo es algo. Mira tú.

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