Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
La sensación de frío es cuestión de piel, como la de calor, pero no hay plumífero hasta los tobillos, camiseta térmica, calcetines de lana merina o calzado de goretex que aísle a un gallego de costa de la tiritona de León en las mañanas en las que el grajo preferiría hacer de canario en la mina. “Ourense o Lugo tampoco son precisamente el Caribe”, bromea un colega de la añorada pachanga de los jueves al encontrarse con el chófer de anécdotas embozado hasta el flequillo a unas horas en las que la calle todavía no se ha desperezado.
“Cómo vas tan tapado si todavía no ha empezado el invierno”. Él viste una chaqueta de chándal abierta a pesar de los tres grados que marca el termómetro de la farmacia a resguardo del viento del norte que llega de la montaña. Desacostumbrarse al pasmo es rápido, aunque estés curtido en heladeros como Salamanca, Madrid o León. “Mucho quieres a Ourense”, insiste por no incluir la ciudad en el témpano.”No olvido un día de niebla que chupé tanto frío paseando por los puentes del Miño que me pareció estar en León”. Se sorprende con el apunte de que un sintecho en Ourense puede afeitarse con agua caliente a cualquier hora del día, pero al instante cae en la terma. “¿Y te puedes bañar?”. Pasar el día a remojo mientras no lo impida la crecida del río. “Me apunto lo de las termas para la próxima visita”.
Su intención era cotorrear la salida del trullo de Santos Cerdán y que su olfato le dice que el fiscal general va a acabar zafando en el Supremo de la denuncia presentada por la pareja de Ayuso, pero sigue con las ruedas cuando se presenta el mecánico
Al cazurro le parece normal el desplazamiento de 315 kilómetros, y otros tantos de vuelta hasta A Coruña, para calzar el coche con ruedas de invierno. El marmitero que llama antes de que abra el taller considera el viaje un gasto prescindible.”En Galicia casi no nieva y en verano tendrás que cambiarlas”. Pero jarrea sin clemencia. Su intención era cotorrear la salida del trullo de Santos Cerdán y que su olfato le dice que el fiscal general va a acabar zafando en el Supremo de la denuncia presentada por la pareja de Ayuso, pero sigue con las ruedas cuando se presenta el mecánico. “Dices que van bien para la lluvia...” Mientras abre el taller pasa un hombre de unos 70 años taconeando sobre unas curradas madreñas negras con las filigranas pintadas de blanco. Un tipo en camiseta, chaleco reflectante, botas de agua y equipo de pesca sale de un portal. “Pues en el bar había uno con unos botos camperos hasta la rodilla”. Inviernos.
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