Chito Rivas
PINGAS DE ORBALLO
O outeiro do infinito
La captura de Nicolás Maduro por fuerzas de Estados Unidos ha dejado a Venezuela en estado de vértigo y al resto del mundo con un nudo en el estómago. No solo por lo que implica en Caracas, sino por lo que dice de nosotros. cuando el derecho se aparta, la fuerza ocupa el hueco. En medio del terremoto, el Tribunal Supremo venezolano ordenó que Delcy Rodríguez asumiera de forma interina para sostener la administración y “garantizar la continuidad” del Estado.
A mí me cuesta aplaudir una operación así. Por mucho que el chavismo haya degradado las instituciones, normalizar que una potencia capture a un presidente como si fuera una pieza más del tablero sienta un precedente peligrosísimo. Hoy se aplica contra un régimen que muchos consideran dictatorial; mañana puede aplicarse contra cualquier país débil, con recursos codiciados o con un gobierno que incomode. La soberanía no es un cheque en blanco, pero sigue siendo el último dique frente a la ley del más fuerte.
Ahora bien, sería deshonesto mirar solo esa mitad del cuadro. Venezuela lleva años expulsando a su gente y esa realidad tiene un lugar también en Ourense. Se ve en los negocios que abren, en los acentos mezclados en el centro y en los barrios, en las familias que han rehecho rutina a base de trabajo y nostalgia. Aquí hay cientos de venezolanos que no se fueron por capricho, sino por necesidad. Por eso es comprensible que muchos vivan este episodio con alivio, incluso con alegría: la posibilidad de que la ciudadanía pierda el miedo al régimen de Nicolás Maduro y recupere la voz. Y también es comprensible que, fuera de Venezuela, haya quien lo haya celebrado en la calle.
Aquí hay cientos de venezolanos que no se fueron por capricho, sino por necesidad.
Pero entre el alivio y la euforia hay un riesgo: creer que cualquier caída garantiza un buen aterrizaje. Ni Maduro ni Trump. La salida decente pasa por diálogo, mediación y paz. Por una hoja de ruta verificable, que evite el caos y permita reconstruir instituciones, economía y convivencia sin convertir la política en revancha. Los atajos, la humillación, el castigo, el “ahora mando yo”, suelen dejar más ruina y más rencor que soluciones.
En días así conviene proteger la aproximación a la verdad. “Fuentes Abiertas” y los verificadores llevan horas señalando imágenes, vídeos y afirmaciones manipuladas o sacadas de contexto que se comparten sin freno en redes. Porque la desinformación no es un detalle: es combustible para el odio. Y, como reza el eslogan de La Región, “El papel, refugio en la tormenta de la bulosfera”.
A la gente de Ourense y, en especial, a quienes tenéis familia allí, solo cabe mandar ánimo. Ojalá este golpe no se convierta en otra condena, sino en una oportunidad real para el reencuentro y la vida normal para que las familias puedan rehacerse, mejorar sus condiciones y volver a respirar, aquí y al otro lado del Atlántico. Paz y diálogo.
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