Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
La prensa ya no quita y pone presidentes. Como periodista, me duele admitir que hemos pasado del cuarto poder al cuarto de no poder. Negarlo no sirve de nada. Pero quien está al mando de la nación todavía cree que merece la pena comprar voluntades para controlar primeras planas. Y en nuestra época las primeras planas están más baratas que nunca. Sobre todo si la compra se hace con dinero público.
Hasta ayer sabíamos que el sanchismo era un turbio entramado de sospechas cada vez más confirmadas y ninguna buena. Ahora además sabemos que su inspiración son los métodos de la mafia
Quizá eso explica por qué es casi imposible encontrar información sobre el entramado de corrupciones del Gobierno en la portada de sus diarios de cabecera, en la televisión y la agencia pública, o en su radio favorita. El pasado martes la consigna de la Moncloa fue “no conocemos de nada a Leire”. Y aparecieron mil vídeos de la fontanera socialista compadreando con los líderes del partido. Después fue “sacrifiquemos a Leire en la pira de Sánchez”, y tampoco eso dio resultado, porque no hay forma humana de separar esa planta de su raíz. Por eso el miércoles la estrategia de Ferraz dio un nuevo giro a la desesperada: que desaparezcan de un plumazo de nuestros medios afines todos los casos de corruptelas que borbotean alrededor de La Moncloa, y que ni se mencione el menudeo inmoral de la fontanera contra la UCO.
Mientas escribo esto, como si vivieran en otro universo, los medios adictos al Gobierno hacen arriesgadas piruetas para saltar el charco de las mil tramas que asedian a Sánchez, incluida la gota que colma el vaso, que es la obcecación mafiosa de la fontanería monclovita, actuando con tal descaro que solo posible presuponer que se veían bendecidos por una eterna impunidad.
Tenemos un festival de pequeñas noticias de apertura para evitar el titular del día. Que si el cayuco de El Hierro, que si Sánchez pidiéndole a von der Leyen que la UE se posicione aún más contra Israel, que si una operación en Gaza, que si la opa de los bancos, y hasta el ex número dos de Interior del Gobierno de Rajoy. Todo menos las alegres andanzas de la fontanera Leire Díez, que si la citan a pie de página es solo para amplificar que el PSOE le ha abierto un expediente informativo, como si no conocieran de sobra el caso, que es el suyo, como si la muchacha actuara por cuenta propia, como si hubiera un solo español en el mundo que aún dude de que lo hizo por encargo del partido para proteger a Cerdán y al hermanísimo.
Al PSOE de Sánchez solo le faltaba el vídeo sexual de un fiscal como elemento extorsionador. Cambian los tiempos, pero no los métodos. Como si estuviéramos en 1997 intentando callar a aquel Pedro Jota de las mil exclusivas contra el felipismo. Y mientras el edificio de Ferraz sigue en llamas, vuelve a asomar Page y demás campanilleros veganos, a fruncir mucho el ceño y exigir a su partido esto y lo otro. Page es la nada con aspaviento. Si de verdad fuera consecuente hoy mismo –y ayer y hace dos años- debería romper el carnet de su partido, avergonzado por el modo en que el sanchismo es capaz de pudrir cada rincón de su propia organización.
Hasta ayer sabíamos que el sanchismo era un turbio entramado de sospechas cada vez más confirmadas y ninguna buena. Ahora además sabemos que su inspiración son los métodos de la mafia. La extorsión, la amenaza, el pago de favores a cabio, y el envío de recados siniestros a través de terceros. Ahora sabemos, en fin, cómo Sánchez ha logrado mantenerse en su puesto todos estos años, asegurándose incluso el silencio de sus críticos. Me dirás, supongo, que si hubo justos en Sodoma tal vez también queden aún algunos socialistas honrados, incluso en la casta periodística. Pero admitamos que a nadie le agrada exponerse a recibir una cabeza de caballo en su casa.
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