El mando a distancia es español

Publicado: 25 sep 2025 - 06:05
Opinión en La Región
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Un 25 de septiembre de 1906: en presencia del Rey y ante una multitud, Leonardo Torres Quevedo demostró con éxito el invento del telekino en el puerto de Bilbao, controlando un bote desde la orilla, en lo que es considerado el nacimiento del control remoto y el mando a distancia.

Este hombre que la historia no le ha hecho toda la justicia que se merece, también invento el Transbordador

Se puede considerar como el primer invento de Torres Quevedo. En 1889 presentó en Brevet (Suiza) la patente “Un sistema de camino funicular aéreo de alambres múltiples” publicada por la Confederación Suiza en abril de 1889.

El primer funicular construido fue el de Portolín, ideado para una persona y con un motor de arrastre animal (dos vacas). Construyó otro en Iguña con 2 km de luz, accionado por un motor mecánico y destinado solo a acarreo de materiales.

En octubre de 1907 se inauguró el transbordador funicular de Monte Ulía, cerca de San Sebastián y después el del Niágara (EEUU) en 1916. Este último se construyó y se explotó mediante una sociedad (Niagara Spanish Aerocar Co. Limited) domiciliada en Canadá, pero con capital exclusivamente español, y dirigida por D. Gonzalo Torres y Polanco, hijo de D. Leonardo. De este modo se sacó la espina clavada por los ingenieros y prensa suiza, que tanto habían ridiculizado la presentación de su primer proyecto.

Un 25 de septiembre de 1906, Leonardo Torres Quevedo demostró con éxito el invento del telekino en el puerto de Bilbao, controlando un bote desde la orilla, en lo que es considerado el nacimiento del control remoto y el mando a distancia

Esta magnífica obra de ingeniería, aún hoy operativa, también fue el creador de la bisabuela de las calculadoras: Con fecha 22 de diciembre de 1894 se concede la ayuda y se publica la primera “Memoria sobre Maquinas Algébricas”, en Bilbao en junio de 1895.

Después viaja a Francia donde presenta en la Académie des Sciences de Páris y en el Congreso de Burdeos de la Asociatión pour l’Avancement des Sciences la comunicación “Machines Algébriques” acompañada de su modelo de demostración y visita diferentes centros de investigación y laboratorios de Mecánica para estudiar las posibilidades y presupuestos de construcción de sus calculadoras.

Más adelante, después de varios años de trabajos, en 1900 presentó un proyecto más detallado de su calculadora a la misma Academia de París, a la vez que un modelo para calcular las raíces reales de las ecuaciones trinomios que tituló “Machine á calculer”.

El husillo sin fin es un órgano fundamental de la máquina de calcular consistente en un sistema mecánico que permite calcular el logaritmo de un producto como suma de logaritmos, resolviendo el complejo y difícil problema de su representación mecánica mediante una solución teórica.

La Comisión informada favorablemente por M. Deprez, H. Poincaré y P. Appell rogó a la Academia su publicación, pero lo cierto es que tendrían que pasar varios años hasta que la máquina se construyera completamente.

Deberían llegar los progresos de la electricidad y la aparición de la electrónica, así como el progreso de la metrología, para que el mundo de las calculadoras y el mundo tecnológico cambiaran drásticamente y las calculadoras analógicas de tipo mecánico de Torres Quevedo, fueran sustituidas más tarde por las de tipo electromecánico y, en fin, las de tipo electrónico.

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