Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Una mina
COSAS QUE CONVIENEN
1 Cantarle al gato. Una canción absurda, con letra infantil y sobre una estrofa popular. Repetirla como un mantra monocorde para calmar los nervios y que nos acerque espiritualmente a la fiera y a nosotros mismos.
2 Conocer la provincia. Reconocer el paisaje próximo y permitir que el corazón destile una emoción nueva y pura caminando por el sendero viejo. Ser bien conscientes de que uno puede conocer la verdad del mundo sin salir de la aldea.
3 Hacer la cocinación. Aprender un plato nuevo con los ingredientes conocidos. Explorar los límites del horno y de los fogones para ser comensales únicos y de excepción. Cubrir la mesa con el mejor mantel y zampar poco pero con hambre. Mantener intacto el apetito.
4 Un bailecito secreto. En alguna hora anónima, sobre música secundaria, facilona, soez. Explorar los límites de la vergüenza propia y fundirse con la torpeza, liberados del ojo de adentro que sujeta al cuerpo de afuera. Bailar como ha hecho siempre esta especie nuestra. Bailar para soltar y reencontrar. Bailar para volver, porque se trata de volver.
5 Celebrar la fuente. Y sentir el milagro del agua que brota en el ahora instantáneo. Quizá mañana incendien los árboles crecidos en la piel del suelo, abran la montaña para arrancar sus metales y asesinen toda corriente subterránea. Pero ahora la vida nace del caño. Bebámosla y seamos con ella recién nacidos.
6 Colocar los dolores. Que nos recuerdan la aventura del viaje en este cuerpo viajero. Sentir las señales de la degradación y encajar el derrumbamiento de carne y órganos. Afirmarse en nuestro camino al desaguadero y alegrarse de sabernos alimento para especies más honorables que la nuestra.
7 No frustrarse ante el árbol caído. Al que habrán talado acusándolo de robar el agua municipal o de tener una sombra tan erótica que se escapa al entendimiento de los hombres. Perdonar a los semejantes por la torpeza coral y disculparse frente al tocón por la propia, que siempre es demasiada.
8 Abrazar el final del final. Asumir que hayan desaparecido la mitad de los paisajes y los animales salvajes desde que nacimos y que los humanos venideros se encargarán de degradar para que la siguiente generación normalice la tierra inerte, la luz apocalíptica, el ruido antrópico. Agradecer la naturaleza en colapso que nos ha tocado vivir, en la que hemos tenido el privilegio de distinguir las últimas nobles formas de vida silvestre.
9 Salirse del tiesto. Cultivar la extravagancia y la rareza. Festejar lo que nos hace distintos. Maravillarse de ese otro raro e imprevisible que viene con nosotros.
10 Desenfadarse con el mundo. Sonreír en medio del colapso y llenarse del gozo infinito de esta vida incomprensible. Escapar del trabajo y del humano robot hacia ese lugar caliente y misterioso de nuestra imaginación.
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