Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
La noche es larga” o bien “Qué corta es la noche”. Todo es relativo porque depende de algo ajeno a la noche, como es el estado de ánimo, la necesidad, la costumbre, un acontecimiento… Esto viene a cuento de que, generalmente, las personas se despiertan a las tres de la madrugada. Pero ¿por qué? Pues porque al parecer, todo factor ambiental, de salud, las alteraciones diurnas o cardíacas, propician el despertar a esa hora precisamente. Si esto pasa con demasiada frecuencia sería bueno consultarlo con el médico. Hay personas que vuelven a dormirse enseguida, y otras para quienes la noche se hace cruel e inacabable, porque el sueño huye definitivamente. Y es a la hora de levantarse cuando el cansancio las rinde, pero ya es tarde.
Hay quien no les espera, cogen el camino que les lleva a la nevera, y se toman un buen bocadillo de queso o jamón, o el pedazo de pollo que quedó a mediodía
Dicen que es la rutina de irse a la cama a la misma hora y de cenar temprano y poco, lo que puede beneficiar buena calidad y duración del sueño. Hay quienes no encuentran una solución que mitigue un mínimo su insomnio, o suavice las inquietudes que pueda acumular, o los nervios que tal estado produce. Y entonces llegan los problemas existentes o no, que agravan la tensión. Otros se levantan, toman el clásico vaso de leche caliente, se ponen frente al televisor, o cogen algo con lo que se entretienen, a la espera de Hipnos o Morfeo, para echarse en sus brazos y descansar. Estos, unas veces vienen y otras no, según les parezca o le permitan sus múltiples obligaciones. Hay quien no les espera, cogen el camino que les lleva a la nevera, y se toman un buen bocadillo de queso o jamón, o el pedazo de pollo que quedó a mediodía, y con el estomago repleto agarran el sueño con una fuerza que no quieran saber, y rápidamente quedan como troncos.
Medida decisiva que no admite ninguna discusión. La noche es plena y las aventuras oníricas empiezan a funcionar alegres como una criatura feliz. Comprobar eso es la prueba inequívoca de la relatividad, como el no poder dormir en toda la noche, confirma la eternidad. El sueño es un mundo con infinidad de otros mundos tejidos con hilos de infinitos colores, entre los que se pierde el blanco y negro como sombras, en una jungla ignota que genera el sueño de razón, que según Goya produce monstruos; el mundo de las hadas con el que nos regala Shakespeare en su noche de verano; o el sueño bíblico de José, que le catapultó a su ascensión social y económica.
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