Voces únicas

Publicado: 19 ene 2025 - 00:50

Todo idioma y acento, tiene su música. Puede ser bonita o fea, según los gustos. Por poner un ejemplo, no tienen la misma sonoridad el italiano que el alemán. Y luego están las voces, con su canto, su música. Las hay de todo tipo, broncas, aflautadas, acariciantes y gratas, silbantes, bajas, altas, suaves, graves, vacilantes y débiles, agudas y dominantes. Las voces son aquello que nos acarician o dañan el oído. En el fragor de la vida es difícil percatarse de ello, porque actualmente todo es ruido que confunde. Demasiado alboroto.

Pero quienes están acostumbrados a oír las canciones, la radio, la opera, o cualquier audiovisual, sabe de ello, según sus referencias.

Hay voces que han dejado de existir pero que han quedado como un recuerdo imborrable en el campo de las emociones. En algún momento se oye alguna de ellas en doblajes de películas, o reportajes varios, y entonces volvemos a encontrarnos con sus dueños, porque pasaron a ser de casa. Llamaron y les abrimos las puertas de par en par, y al escucharlos nos damos cuenta de que nos enamoraban. Y se quedaron en la evocación con sus matices, su timbre, su potencia y su pasión. ¿Quién no se emociona al escuchar a Pavarotti? ¿Quién no valora mucho más los diálogos de los actores que doblaba Constantino Romero? ¿Quién no se entusiasma al oír a Freddie Mercury, o a Montserrat Caballé? Que tristes nos dejaron todos ellos, tan extraordinarios. En los tiempos de las pequeñas cosas, una de ellas era la prueba de voz que se hacía a los aspirantes a locutores, hoy comunicadores.

Al margen de un examen exhaustivo de conocimientos de todo tipo, sobre todo música, literatura y arte en general, se exigía una perfecta vocalización, y una voz agradable. Estas eran prioridades, requisitos imprescindibles para poder ponerse ante un micrófono.

Los profesionales de la radio eran en sí mismos un misterio, voces que hacían soñar, hasta que empezaron a mostrar sus rostros. Entonces, en bastantes ocasiones el sueño se evaporaba. Quizá por eso, uno de ellos siempre llevaba gafas de sol, en la creencia de que esos cristales oscuros garantizaban su anonimato. Tenía una voz preciosa y era de una meticulosidad extrema profesionalmente, pero bueno, la verdad es que él era el soñador, y trataba de guardarse en el incógnito. Hoy, afortunadamente no se da importancia a esas minucias.

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