Miguel Abad Vila
TRIBUNA
La orina chivata
En la estupenda película “El intercambio” de Clint Eastwood hay una breve escena preciosa en la que la protagonista, interpretada por Angelina Jolie, está escuchando por la radio en directo la ceremonia de los Oscar de 1956. Ella participaba en una porra amistosa entre sus compañeras de trabajo, telefonistas, que habían apostado a cuál sería la ganadora del Oscar a la mejor película ese año.
Cuando la radio dice “Y el Oscar a la mejor película es para… ¡‘Marty’!”, ella cierra el puño, hace un gesto de victoria y dice para sí misma en voz alta: “¡Lo sabía, ‘Picnic’ (otra de las pelis de ese año y por la que apostaban sus amigas) está sobrevalorada!”
Después de esa escena ella vuelve a casa y descubre que su hijo, un niño pequeño, ha desaparecido o ha sido raptado, lo que será el argumento de la película.
“Marty” también aparece en otra película genial que es “Quiz Show” de Robert Redford. No recuerdo bien la escena pero creo que es una en la que John Turturro está en su casa en calzoncillos viendo el concurso por la tele y se burla de que un concursante de aquel programa de preguntas y respuestas no sepa decir qué película ganó el Oscar en 1956: “Marty”.
Marty (Ernest Borgnine) es un hombre de treinta y tantos años que no encuentra una pareja con la que casarse y ya se ha rendido a esa idea. Nunca la encontrará.
“Marty” es una película increíblemente singular. Originalísima en su aparente sencillez se llevó cuatro Oscars, ocho nominaciones más y la Palma de Oro en el festival de Cannes. La historia es tan simple y hermosa que ni siquiera necesito hacer un spoiler para contarla.
Marty (Ernest Borgnine) es un hombre de treinta y tantos años que no encuentra una pareja con la que casarse y ya se ha rendido a esa idea. Nunca la encontrará. Vive con su madre. Es carnicero en una carnicería de barrio en Nueva York. Todo el mundo lo aprecia. Es una buena persona. A pesar de su edad y de que es gordo, feo, y con escasas dotes para las relaciones personales, sigue yendo con sus amigos todas las noches a clubs de baile a ver si encuentra una chica. Un día conoce a una especial (Betsy Blair), una joven delgaducha no muy agraciada, tan tímida, retraída como él, también mayor y soltera como él, maestra de escuela. Y ambos se enamoran.
La belleza de la película, aparte de las magníficas interpretaciones y un guión de lujo está en la grandeza interior de esas dos almas gemelas solitarias que se encuentran y, contra todo pronóstico, se descubren iguales.
“Marty” sería un drama de Tennessee Williams si no fuera porque carece de la brutalidad salvaje y terrible de Tennessee Williams. En “Marty” solo hay bondad.
Hoy que el cine y las noticias nos inundan con crímenes, disparos, bombas, asesinatos y cosas así “Marty” es un bálsamo de paz, como un hermoso lago al amanecer saludado por los dulces graznidos de somormujos y colimbos entre la niebla de la mañana.
Vean “Marty”. Les gustará. Es más real que la vida real.
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