Arturo Maneiro
PUNTADAS CON HILO
Regularización masiva
CLAVE GALICIA
Con los primeros fríos serios le empieza a gotear la nariz como el cañero de un bar y no para hasta que la primavera se sienta en la terraza. Fue un niño al que pedir un pañuelo en el cole, padre servilleta en las meriendas del parque y desde la pandemia pasa el otoño y el invierno con sentimiento de sospecha, aunque precisamente él no es propenso a caer por gripe o resfriado. Ayer retiró la mano que acababa de tender al padre del leído comerciante coruñés segundos después de sonarse. “Mi nariz tiene dos estaciones, húmeda y seca, aunque no esté acatarrado, pero no vaya a ser. El otro día cargué con dos contagios sin culpa y no quiero más responsabilidades”. El padre rio la salida pero encogió la mano agradecido. “Tienes razón, ya no nos acordamos de la mascarilla”.
El bote de desinfectante ha desaparecido del paisaje social y del uso corriente
Media hora más tarde, dos de los funcionarios que se ocupan de tramitar el DNI y el pasaporte en la comisaría de la Policía Nacional del centro de A Coruña atendían con mascarilla. Desde la pandemia que superamos con buena nota ya no choca, pero siempre revolotea la duda de si se utiliza para no contagiar como en las sociedades orientales o para evitar el contagio. La espera fue de un par de minutos por un sistema de cita previa que merecería ser puntuado con todas las estrellas en el supuesto de haber preguntado por la calidad del servicio. Sólo dio tiempo, antes de que sonase la campana del cambio de turno, a abrir la página web de La Región y ver que uno de los titulares decía que la Xunta recomienda el refuerzo del uso de mascarilla en hospitales y centros de salud para contener la incidencia adelantada de gripe.
El funcionario también se frotaba las manos con gel hidroalcohólico tras entregar la documentación y la vuelta a la señora que acababa de atender. La identidad tiene precio, 12 euros por renovar el DNI y 30 por el pasaporte, pero se hace en menos de diez minutos y sin cambiar de ventanilla, de metacrilato. El bote de desinfectante ha desaparecido del paisaje social y del uso corriente, pero al pasar el dedo índice de las dos manos por el lector digital de huellas, dos documentos, cuatro veces, un eco de toses y carraspeos evidenció su utilidad y no sólo para hipocondríacos o desconfiados hasta que se llega al bar.
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