Miguel Abad Vila
TRIBUNA
¿El fin de la obesidad?
Uno de los grandes temas de discusión en nuestros días es el de la funcionalidad del mercado y su posible compatibilidad con los valores más sobresalientes que definen el estatuto humano: libertad, igualdad, fraternidad. Se trata de una cuestión bien conocida que raro es el día que no salta a la opinión pública, bien sea en forma de debate entre liberales y comunitaristas o entre capitalistas y social-demócratas.
En cualquier caso, no se puede ocultar que el factor económico, en los tiempos que corren, debe enmarcarse en contextos que hagan necesaria la convivencia pacífica entre el mercado y la solidaridad. Es más, mercado y solidaridad son dos conceptos que deberían estar en continua interacción como elementos garantizadores de libertad, derecho al trabajo y protección para los desfavorecidos.
si queremos salvar la dinámica de la sociedad libre, hay que poner más orden, más razón y más justicia en el funcionamiento del mercado.
Pues bien, en este marco resultan interesantes unas recientes declaraciones del profesor francés Henri Hude que realizó en España en el pasado mes de abril. El profesor Hude es un conocido especialista “Bergosiano” que saltó a la fama de sus libros “Ética y Política” (1992) y “Filosofía de la Prosperidad” (1994). Sus aportaciones en estas cuestiones no dejan de resultar interesantes y especialmente adecuadas para un nuevo orden económico y social más justo. Por ejemplo, para Hude, el mercado “sutil” supone que las posibilidades de beneficio de unos no traigan consigo pérdidas importantes en las comunidades más desprotegidas; el intercambio equitativo, dice, debe enriquecer a todos. Por eso, si queremos salvar la dinámica de la sociedad libre, hay que poner más orden, más razón y más justicia en el funcionamiento del mercado. De lo contrario, sentencia Hude, volverán las revoluciones sociales, Europa se deshará, tomarán auge las fórmulas nacional-socialistas en sus versiones más modernas, y llevaremos al mundo al caos. Ciertamente, el vaticinio de Hude no deja de ser alarmante, pero no por ello es menos cierto que el derrotero actual sea el adecuado. Precisamente estos días, el escritor uruguayo Benedetti, durante su estancia en los cursos de verano del Escorial llamó la atención sobre la tremenda concentración del poder y, lo que es más grave, sobre las funestas consecuencias de la evolución de los acontecimientos de los últimos años.
De todas maneras, tampoco se debe caer en el derrotismo, pues afortunadamente hay mucha gente que está dispuesta a colaborar para que el orden económico y social este presidido por la equidad y la solidaridad. Así, se podrá configurar un mundo en el que el derecho al trabajo, la vida en familia, la democratización del crédito, la solidaridad social y el equilibrio entre capital y trabajo, sean una realidad.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último