Alexandre Lodeiro Pereira
DIARIO LEGAL
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TRIBUNA
Sostiene Aloysius que hasta hace un par de años, hablar de medicamentos para adelgazar parecía cosa de teletienda. Hasta que apareció un prometedor grupo de fármacos para el tratamiento de la diabetes tipo 2, la más frecuente, técnicamente conocidos como agonistas de los receptores GLP-1. Los expertos hablan de una de las mayores revoluciones sanitarias del siglo XXI. Porque además ayudan a perder peso imitando a una hormona natural que transmite a nuestro cerebro dos órdenes fundamentales: la saciedad y la demora en el placer que nos produce la comida basura. Por si fuera poco, estudios muy recientes publicados en prestigiosas revistas científicas como The Lancet confirman reducciones drásticas en el riesgo de infartos, accidentes vasculares cerebrales, sustanciales mejoras en el control de la enfermedad renal crónica e incluso de la apnea del sueño. La única pega: hasta ahora se aplicaban mediante de inyecciones. Pero en estos dos últimos años estamos asistiendo al despegue de sus versiones orales, lo que con toda seguridad democratizará su acceso para millones de personas, facilitando de paso su adherencia terapéutica. Pero los que están pensando en una pastilla mágica quema grasas capaz de borrar la obesidad de este planeta están equivocados. Porque estos medicamentos son más útiles precisamente cuando van acompañados de otras medidas clásicas como la dieta y los cambios en los estilos de vida poco saludables. Asimismo su empleo debe estar siempre supervisado por profesionales médicos y farmacéuticos.
Adquirir medicamentos fuera de los canales legales y sin la supervisión de un profesional sanitario puede acarrear graves riesgos para la salud, pues no garantiza su autenticidad, calidad, seguridad ni el correcto almacenamiento del producto.
En la cruz de tan brillante moneda se sitúan sus manifestaciones secundarias gastrointestinales, su posible efecto rebote cuando no se emplean correctamente y una pérdida de masa muscular, especialmente en los casos de dietas pobres en proteínas y escaso ejercicio muscular de fuerza. Posibles alteraciones de la vesícula biliar y del páncreas también exigen vigilancia y control. Y ahora dos advertencias finales. La primera: estos medicamentos necesitan prescripción médica. Ojo con la compra-venta a través de internet. Adquirir medicamentos fuera de los canales legales y sin la supervisión de un profesional sanitario puede acarrear graves riesgos para la salud, pues no garantiza su autenticidad, calidad, seguridad ni el correcto almacenamiento del producto. La segunda: la automedicación puede resultar muy peligrosa y provocar efectos secundarios severos, como ya hemos advertido. Lo más importante es que posiblemente nos encontramos ante un cambio de paradigma en el tratamiento de una enfermedad metabólica tan compleja como la obesidad. Y en la prevención de las enfermedades cardiovasculares no existen las recetas mágicas, sino la ciencia. Y cuanto más personalizada sea este tipo de medicina, pues mejor para todos.
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