Miedo, silencio, chivatos

CAMPO DO DESAFÍO

Publicado: 21 feb 2026 - 04:40
Opinión en La Región
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Quise estar en Euskadi para escuchar a Jesús Eguiguren, el antiguo dirigente socialista vasco que negoció con Otegi el fin de ETA. Eguiguren, guipuzcoano de caserío -“nos enseñaban a cumplir la obligación y decir la verdad”-, presentaba su libro, Memorias políticas, que todavía no he leído, y donde el antiguo secretario general de los socialistas guipuzcoanos quiere recordar el miedo y el silencio que, durante cincuenta años, ensombrecieron la vida en Euskadi. También de los numerosísimos chivatos que informaban a ETA de los movimientos de sus objetivos. Una sociedad amedrentada sí, pero también una sociedad cobarde.

En Euskadi, la paz ha traído un nuevo aire y la distensión de las relaciones. Pocos dudaban de que, tras el silencio de las armas, la economía vasca y el tradicional emprendimiento de su gente harían del País Vasco una sociedad en pleno relanzamiento Lo han logrado, sin duda. Basta con comprobarlo en las infraestructuras o en la calidad de su transporte público, plagado de frecuencias, exactitud y limpieza. La sociedad vasca, en el eficaz desempeño de sus tareas, es lo más parecido a Alemania que podemos encontrar en nuestro país.

Eguiguren señala el asesinato de Miguel Ángel Blanco como la primera ocasión en que la sociedad vasca reaccionó de forma masiva contra ETA

Toda esta excelencia pública y privada, tanto en el ámbito de la empresa como en las relaciones sociales, contrastan con el silencio con que la sociedad vasca afronta las décadas donde el terrorismo campaba a sus anchas. Frente a las reconvenciones de unos y otros para hacer más explícitas las condenas o la necesidad de elaborar y apropiarse del relato de lo sucedido, la inmensa mayoría parece haber optado por pasar página mirando hacia adelante. Una forma, por otra parte, muy vasca de poner en juego la pelota y olvidar los crímenes, errores y vergüenzas del tiempo anterior. En este sentido, Eguiguren advierte sobre las secuelas de todo ello; de los asesinatos y el terror de ETA, del posible olvido de las víctimas, pero también de la ineficacia del Estado en la lucha antiterrorista durante décadas, la comprensión de la iglesia vasca con respecto a aquella violencia y la complicidad estratégica del nacionalismo vasco democrático.

Eguiguren señala el asesinato de Miguel Ángel Blanco como la primera ocasión en que la sociedad vasca reaccionó de forma masiva contra ETA. Después vendría el terrorismo islamista y su efecto de barredora de otros terrorismos y, añado yo, el espejo de la paz en el Ulster. Terminaba su intervención Eguiguren lamentando que los demócratas no fueran capaces de capitalizar la paz, recordando que, en España, cualquier negociación se entiende como una cesión. En la sala que los socialistas vascos habían dispuesto para el acto, apenas medio centenar de personas, sin jóvenes, escuchábamos el relato de Eguiguren. Una vida entregada a cumplir la obligación y decir la verdad.

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