Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
Resulta curioso que a la ministra de Trabajo se le haya quedado mal cuerpo después del plante que le propinó el ministro de Economía, Comercio y Empresa -Carlos Cuerpo-, al oponerse a la reducción de la jornada laboral que Yolanda Díaz negoció y pactó consigo misma. Una jornada que a la postre ella reduce a 37,5 horas semanales.
Su fundamentalismo llama poderosamente la atención después de que propios y extraños hayan podido escuchar las tres largas horas de declaración del exministro Ábalos ante el juez del Supremo, Leopoldo López, muy particularmente en lo que a las idas y venidas de Koldo se refiere.
Y esto no es ya por declarar el propio Ábalos dónde conoció a Koldo, ni siquiera por afirmar quién se lo presentó y propuso como chófer, sino por el sibilino motivo por el que, inicialmente, lo contrató como conductor, para acabar siendo poco menos que ama de cría y chico para todo.
De ese modo, mientras Santos Cerdán vocifera a quien oírlo quiera que el tal Koldo poco o nada pintaba en Ferraz y que, cuando lo detuvieron, no lo echaron del PSOE porque ya no figuraba como afiliado por no abonar las cuotas, según la versión de Ábalos, mucho tenía que ver con Cerdán cuando se lo propuso como servidor, dejando claro que el exministro no lo conocía por ser portero en ninguna barraganería, sino por sugerencia de Cerdán, quien, al parecer, lo conocía lo suficiente a fondo como para recomendarlo.
A estas alturas, alguno se preguntará qué relación guarda esto con Yolanda Díaz y su jornada de 37,5 horas. La respuesta es sencilla: porque lo que Ábalos buscaba era un chófer disponible 24 horas al día, 7 días a la semana, 52 semanas al año, es decir, 365 días anuales, no sólo para pasearlo por donde la carretera los llevase, sino por ser su escolta; más que asesor, su asistente que le iba a la farmacia, le suministraba hasta el tabaco, lo cuidaba y arrullaba, colocándole el embozo al acostarlo.
Dejando claro que su formación académica no justifica ocupar puestos relevantes en la Administración
Este sí que es un horario que raya, no ya con la explotación laboral, sino con la esclavitud pura y dura. Está claro que, entre las perlas de Ábalos ante el juez, no debió caer en la cuenta de que semejante jornada laboral queda totalmente fuera de la más elemental legalidad.
Pero el caso es que, según la declaración del exministro, fue Koldo tan eficiente que, cuando al fin Ábalos alcanzó su silla en el Consejo de Ministros, no dudó en recompensar a su fiel sirviente con el puesto de Consejero de Renfe y más tarde en el consejo de Puertos del Estado.
Una vez aclarado el porqué de la rabieta que debería mostrar la ministra Yolanda Díaz con su ex compañero de Gobierno por pasarse los derechos de los trabajadores por el arco del triunfo, viene lo más llamativo: los sucesivos puestos ocupados por el antiguo asesor de Ábalos.
La cosa no es pecata minuta porque da para hacerse preguntas de profundo calado. Para desentrañar el misterio, conviene recordar que Koldo no fue mucho más allá de ser un guardia de seguridad, condenado por meterle, durante su trabajo, una paliza a un pobre infeliz, dejando claro que su formación académica no justifica ocupar puestos relevantes en la Administración.
He aquí el meollo del asunto, porque en Renfe, Koldo concretamente formaba parte del consejo de administración de mercancías, una de las cuatro sociedades mercantiles estatales de la compañía ferroviaria, saltando de ahí al puesto de vocal del consejo rector de Puertos del Estado. La enjundia del caso es que se da por supuesto que para el desempeño de tales ocupaciones es requisito esencial una formación de la que este señor carece, por lo que la conclusión inmediata es que, o bien los puestos directivos los puede ejercer cualquier ignorante, o que dichos puestos son innecesarios para el funcionamiento de la Administración, por lo que la pregunta del millón es cuántos Koldos nos han colado y mantenemos los ciudadanos, pagando de nuestros impuestos los salarios y gastos de gente prescindible, cuyo único mérito es haber hecho la campaña electoral en Villa Arriba o en Villa Abajo.
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