El milagro de Dunia

LA OPINIÓN

Publicado: 17 may 2026 - 04:45
Dunia, con algunas de las medallas ganadas como luchador.
Dunia, con algunas de las medallas ganadas como luchador. | La Región

El Congo no es un lugar apacible. Su posición como el cuarto país más peligroso del mundo -según el Global Peace Index- no es algo nuevo, sino una constante. Desde el acceso a la independencia de Bélgica en 1960, el corazón de África lleva décadas inmerso en una refriega interminable de luchas poscoloniales por el poder, con más de cien grupos armados. En el fragor de esas batallas, entre pobreza, hambre y muerte, nacía, hace 18 años, Dunia Sibomana.

Su madre murió cuando apenas tenía un año. Su padre, se quedó a cargo de tres hermanos en una región en la que la superpoblación es inversa a los recursos y, las oportunidades, una quimera. Se crió en una casa de barro, dormía en el suelo y pasaba los días jugando descalzo, en medio de la jungla, esperando a que la providencia tirase los dados de su destino como indigente o militar. En cualquiera de los dos fados, la muerte acechaba próxima.

En la monotonía de la miseria, en una de tantas tardes dando patadas a un balón, una manada de chimpancés atacó a su grupo. Los monos se ensañaron con los niños. Los avasallaron, zarandearon y descuartizaron con extrema fiereza. Cuando el guardabosques de Virunga halló el horror, tres de los cuatro críos habían muerto: un hermano, un primo y un amigo de Dunia. Él era el único superviviente. Los macacos le arrancaron un dedo, una oreja, parte del antebrazo, los labios y le desgarraron el rostro pero, por alguna razón, no fueron capaces de quitarle la vida.

Dunia era rápido, ágil, inteligente, imparable. Un prodigio de la naturaleza. La pequeña llama ardiente que no dieron apagado los chimpancés, se convirtió en un ciclón.

Con la limitada tecnología del Congo recibió las primeras asistencias. No era capaz de retener la comida y sufrió una dramática pérdida de peso. Una fundación se lo llevó a Estados Unidos, junto a otros niños congoleños, y allí comenzaron a reconstruirle la cara. Por ahora lleva 16 operaciones quirúrgicas. Creció en tres familias de acogida y, entre su aspecto y el idioma -solo hablaba suajili-, también fue objeto de los dardos del bullying.

En ese momento crítico, un bote salvavidas apareció de forma fortuita. Conoció a Miguel Rodríguez, entrenador de lucha libre, en la playa de Long Island. Sin pensarlo dos veces acudió a su mujer, Marissa, para presentárselo. El flechazo fue inmediato: “¿Dónde tengo que firmar?”. El corazón de Dunia era arrollador y lo adoptaron como uno más.

En el seno de la familia de los Rodríguez conoció el wrestling. Y la actividad emergió como antídoto a todos sus miedos. Comenzó usando una máscara que protegía su cara remodelada pero apenas le hizo falta. Dunia era rápido, ágil, inteligente, imparable. Un prodigio de la naturaleza. La pequeña llama ardiente que no dieron apagado los chimpancés, se convirtió en un ciclón.

En 2022 ganó el campeonato estatal en una demostración antológica. Nadie pudo ni siquiera rozarle. A partir de ahí, comenzó su colección de títulos. Cinco en el condado de Nassau y dos nuevos estatales. Hace días se convirtió en el primer congoleño en proclamarse campeón de todo su continente. De ese África manantial de recursos que nutre al mundo.

En la lucha de Dunia están el caudal del Nilo, la fuerza de las Victoria, la majestuosidad del Kilimanjaro y la perfección de los diamantes. En su vida, una de las mayores lecciones de superación de la historia. Y en su sonrisa, el epítome de la belleza.

@jesusprietodeportes.

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