Mirando a Roma para no mirar a Rabat

Publicado: 11 ago 2026 - 02:10
Opinión en La Región
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Hay paradojas que se explican por sí solas. España afronta una grave crisis en su frontera sur y, sin embargo, el Gobierno de Pedro Sánchez parece haber encontrado en Italia el principal motivo para elevar el tono diplomático.

Conviene detenerse un momento en esa contradicción.

Lo sucedido en Ceuta merece una explicación mucho más completa de la que hasta ahora hemos recibido. Miles de personas asaltando el territorio nacional no es un episodio más de presión migratoria, es un cuestionamiento de la capacidad de España para defender su propia soberanía e integridad territorial.

Y ante esta situación, el Gobierno en lugar de pedir explicaciones al país que está al otro lado de la frontera, ha decidido abrir otro frente: Italia.

El Ejecutivo de Giorgia Meloni estableció controles temporales sobre determinados viajeros procedentes de España, y Madrid ha respondido aplicando el principio de reciprocidad. La decisión italiana podrá discutirse. Puede considerarse equivocada, desproporcionada o poco acorde con el espíritu europeo. Pero convertir una discrepancia con un país aliado en una crisis diplomática resulta difícil de entender.

España necesita mantener una relación estrecha con Rabat. Lo necesita por geografía, por economía y, sobre todo, por seguridad. Necesita su colaboración para combatir las mafias de la inmigración, el terrorismo y el tráfico de personas. Pero precisamente por eso, una relación estratégica y de buena vecindad debe basarse en la confianza y en el respeto mutuo. Por tanto, de ser así, pedir explicaciones no debería interpretarse como una provocación, sino como el ejercicio normal de la responsabilidad de cualquier Gobierno.

Necesitamos un Gobierno capaz de priorizar la defensa del interés de España sobre cualquier otro. Por eso, la pregunta sigue siendo inevitable: ¿por qué Pedro Sánchez parece más dispuesto a exigir explicaciones a Italia que a Marruecos?

Ya que la política exterior no puede basarse en la firmeza con los amigos y la prudencia cuando el interlocutor resulta más incómodo, no parece inocente que el Gobierno pretenda desplazar el foco político hacia Roma, cuando las preguntas incómodas siguen mirando hacia Rabat.

Hace más de un siglo, Ortega y Gasset escribió en España invertebrada que “España es el problema y Europa es la solución”. Era otra España y otro momento histórico, pero aquella reflexión conserva hoy una cierta ironía. Europa debería ser nuestro espacio natural de cooperación, especialmente ante problemas que ningún Estado puede resolver por sí mismo. La respuesta a las diferencias con Italia debería ser más diálogo europeo, no una escalada de reproches entre socios.

Necesitamos un Gobierno capaz de priorizar la defensa del interés de España sobre cualquier otro. Por eso, la pregunta sigue siendo inevitable: ¿por qué Pedro Sánchez parece más dispuesto a exigir explicaciones a Italia que a Marruecos?

Quizá el Gobierno tenga buenas razones para su prudencia con Rabat y existan circunstancias que desconocemos. Tal vez haya argumentos diplomáticos que expliquen una actitud que resulta difícil de entender. Pero si los hay, deberían explicarlos.

Ceuta no puede convertirse en una cuestión incómoda que desaparezca de la conversación simplemente porque haya aparecido un nuevo conflicto que ocupe los titulares.

El problema no está en Roma, está al otro lado de la frontera de Ceuta. Y todavía estamos esperando que alguien nos explique por qué el Gobierno de España parece tener tantas preguntas para Italia y tan pocas para Marruecos.

Los españoles tienen derecho a conocerlas.

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