Mis recuerdos y anécdotas de don Alejandro Outeiriño

Publicado: 26 abr 2021 - 05:50 Actualizado: 25 abr 2021 - 20:51

Dentro de mis buenas relaciones con La Región en mi etapa profesional en Ourense, y más tarde, ya en Vigo, como corresponsal del periódico en esta ciudad, mantuve una especial vinculación con don Alejandro Outeiriño y con su hijo José Luis, quien redactó personalmente, con enorme afecto, la nota que salía en las páginas centrales del periódico en aquel agosto de 1972, dando noticia de mi marcha de Ourense. Este especial vínculo me permitió haber conversado mucho con don Alejandro, tanto en el periódico como en diversos actos sociales de aquel tiempo, disfrutando de sus saberes sobre la empresa periodística y de su sentido del humor y grata conversación.

De entre las variadas anécdotas que puedo contar hay una que me interesa destacar especialmente, pues incluso la he citado como ejemplo de la perspectiva de un verdadero empresario de prensa. Me contaba don Alejandro que todos los días examinaba minuciosamente el ejemplar del periódico, fijándose especialmente en aquellos aspectos y contenidos que los periodistas solíamos considerar rutinarios y comunes, pero que, como él decía, son tan importantes como el editorial.

“Todos los contenidos de un periódico -decía- tienen lectores y han de cuidarse con el mismo esmero que el resto de las secciones”. Y en ese sentido, se refería en que había que ser cuidadoso con las esquelas, los obituarios, los servicios en general, ya fueran horarios de trenes o autobuses, o de misas; los breves, los pies de foto, y todos esos espacios complementarios de la información general que se tienen que cuidar lo mismo que lo titulares de la primera página. De ahí que nos contaba que él personalmente revisaba todas estas secciones por si se hubiera colado algún error o descuido.

Aparte de esta anécdota, recuerdo con especial interés el relato de sus relaciones con los miembros de la generación Nós, a quienes abriera las páginas del periódico, como Otero Pedrayo o Vicente

Risco. Muchos de estos artículos los ilustraba el pintor Conde Corbal, a quien don Vicente motejaba de su “podólogo” con aquel humor ourensano tan típico, por los “pies de foto” que aquel ponía a las ilustraciones.

Me acuerdo de que el lanzamiento de la edición internacional de La Región fue un acontecimiento de enorme importancia y no sólo para la comunidad ourensana y gallega en general, sino para todos los emigrantes españoles en Europa, iniciativa que pronto sería imitada por otros medios. Su enorme intuición como empresario de prensa, pese a los riesgos que supone operar en este espacio, alcanzó más fortuna que fracasos a lo largo de su dilatada experiencia, pero siempre con la decisión de quien tiene claras ideas del territorio donde se arriesga, puesto que aparte de empresario él mismo fuera un joven periodista.

En mi etapa como corresponsal en Vigo, como yo venía a Ourense todos los sábados, pasaba por la redacción de La Región en la calle que ahora lleva su nombre, para hacer mi crónica del fin de semana, sin tener que dictarla como era habitual a Manolo Rey, de modo que era frecuente que en ocasiones me encontrase con él y nos pusiéramos un rato a conversar. Me alegré especialmente cuando la ciudad de Ourense lo nombró “hijo predilecto” a título póstumo, y dio su nombre al tramo de la calle donde estaba la redacción de aquel querido periódico, con Gwede, Ellacuriaga, Lezcano, Rey, Alonso, Reza y tantos queridos amigos de aquel lejano tiempo.

Del perfil de don Alejandro Outeiriño se pueden recordar varias facetas, empezando por decidida apuesta por el mundo de la comunicación y la cultura, cuando ya en 1933, con su hermano Ricardo adquieren la empresa y la convierten en un periódico que es una de las primeras empresas, por su número de trabajadores, que contribuye al desarrollo del empleo en la ciudad. Pero su afán de empresario moderno exploró otros ámbitos no menos decisivos para la provincia. Fue La Región uno de los primeros periódicos de España en modernizarse, con la incorporación de nuevas tecnologías de impresión. Aparte de ello, en la transición la empresa se incorporó al grupo “Colpisa”, avanzada del periodismo moderno y democrático.

No menos importante que el periódico fue la librería, señera empresa divulgadora de cultura, una de las más antiguas de España. Cabe contar ahora que se puede, que aquella librería era capaz de proporcionarnos todo tipo de libros, especialmente los publicados fuera de España que por sus autores o contenidos no estaba permitido expedir. No con carácter general, pero sí discretamente, era posible conseguir todo libro deseado, ya fuera publicado en Francia o Argentina. De aquella etapa conservo libros muy valiosos y difíciles de hallar.

Cuando como epílogo de una vida la Xunta de Galicia le otorgó la Medalla Castelao fue como el reconocimiento final que merecía este decidido empresario, periodista y ourensano singular.

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