Luís Celeiro
TÍA MANUELA
Cadaquén, da súa casa
LA PUNTILLA
Es otro fenómeno que se repite cada vez que hay una tragedia. Ocurrió con la dana de Valencia y ha vuelto a suceder en el accidente ferroviario de Adamuz. Mientras que hay gente que se desvive por ayudar, por mostrar una solidaridad infinita, que acoge en su vivienda a los afectados, que están dispuestos a viajar en sus vehículos privados para trasladar a los afectados hasta sus lugares de origen, que dan de comer y beber, que reparten mantas, que vuelven al trabajo después de su jornada laboral o no se van, hay otros miserables que ven en la tragedia una forma de hacer negocio, que suben los precios de los billetes o las tarifas de los medios de transporte alternativos.
Ocurrió con la dana de Valencia y ha vuelto a suceder en el accidente ferroviario de Adamuz.
No solo es un acto prohibido por la ley que impide el aumento abusivo de precios en caso de catástrofe, dirán que la culpa la tiene el algoritmo, sino que es una actitud propia de miserables, de gente que solo se toca el pecho para ver el lado en el que tiene la cartera. Los ingresos de más que los apunten en el debe de su conciencia.
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