El mono Punch

UN CAFÉ SOLO

Publicado: 02 mar 2026 - 06:05
Sonia Torres
Sonia Torres | La Región

Parece ser que Punch, el bebé mono abandonado por su madre, ya está socializando. Media humanidad ha respirado tranquila. ¿Quién decía que perdíamos la empatía y que el dolor ajeno ya no nos importaba? El pequeño Punch logró ser viral al abrazarse a un peluche de orangután que sustituía a su madre. Despertó instintos amorosos en gran parte del mundo, ocupando incluso durante días grandes espacios en medios de comunicación. Tanto fue el revuelo que, hábilmente, la compañía productora del muñeco lo rebautizó, cambiando un nombre impronunciable por el de “mamá de Punch”. Qué tierno. Y en otro gran alarde de generosidad, antes de que las existencias se agotaran, decidió donar varios peluches al parque que lo acoge. Ese sentimiento que ha exprimido tantos corazones doloridos por el abandono no ha servido, sin embargo, para replantearnos seriamente el derecho de cualquier ser vivo a crecer en libertad en su entorno natural y no atrapado para siempre entre el cemento y las jaulas de un zoológico.

Vemos sus ojos vacíos, pero también suciedad, ruinas, sangre, deshumanización y dolor.

Lástima también que esta gran ola de solidaridad se rompa al chocar frontalmente con vídeos de infancias aniquiladas por hambre, asesinato, enfermedad o abusos. No será porque no los vemos. Sus caras y voces nos interpelan, pero parece ser que nos cansan. Mejor seguir a Punch, que no nos hace sentir ni culpables ni responsables.

El informe de Unicef hecho público recientemente, entre otros datos, habla de “al menos 100 niños muertos en Gaza desde principios de octubre hasta mediados de enero de 2026, un promedio de al menos un niño asesinado cada día. Además de niños fallecidos por hipotermia debido a las condiciones climáticas y la falta de refugio. En Sudán, al menos 20 fueron asesinados en enero, en un contexto de desnutrición aguda y falta de suministros básicos. En Irán, según fuentes, más de 144 niños y niñas han muerto y muchos otros han resultado heridos o han sido detenidos”. En este país, en lo que va de año, dos menores han sido asesinadas por violencia de género, siguen aumentando las víctimas de los acosos escolares y las agresiones sexuales a menores no paran. La lista continúa por todo el mundo y es casi infinita.

Pero ante todo ello, nosotros ofrecemos el gran abrazo del olvido o el dedo acusador. Las multinacionales no encuentran razones para renombrar peluches con los nombres de quienes deambulan solos y aterrados, sin entender nada. Saben que ahí no hay beneficio. Vemos sus ojos vacíos, pero también suciedad, ruinas, sangre, deshumanización y dolor. No son competencia para un tierno mono con su peluche haciendo amigos. Es más cómodo sentir pena por Punch que plantar cara a la barbarie a la que abocamos a esos niños y niñas. No vaya a ser que nos salpique el horror y nos estropee la foto.

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