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La mujer del presidente español está cada día más cerca del banquillo. Aunque se ha refugiado en el palacio de Las Marismillas, vive su particular pasión judicial en Semana Santa. Las presiones por parte de Gobierno, y de medios de comunicación socialistas, sobre el juez Peinado que la encausa son casi insoportables. Pero él se muestra inexpugnable e inasequible al desaliento con la investigación, amparado, orientado o corregido, por la Audiencia Provincial de Madrid. Se mantiene como un David ante Goliat, él solo, sin armadura, ante gigantesca y aplastante maquinaria gubernamental. Está a punto de jubilarse, pero no tira la toalla. Convencido de que las pruebas existentes muestran que Begoña Gómez utilizó su estatus en La Moncloa para conseguir beneficios personales varios, propone que sea juzgada con jurado popular.
Desde el principio de las acusaciones, su marido ha dicho que no había caso, que todo era un bulo, que sólo había fango producido por los medios de comunicación enemigos, por la ultraderecha, que no había nada de nada, que los jueces estaban haciendo política, incurriendo en prevaricación, aunque disfrazaban con otro vocablo en inglés. Incluso pensó el presidente del Gobierno en hacer una criba de los medios digitales, para que sólo pudieran existir aquellos que fueran veraces, en opinión de la propia Administración pública. Fue por medio de un proyecto de Ley del verano de 2025 que todavía anda a la deriva por los despachos del Congreso de los Diputados. Se utilizó la obligación de adaptar la legislación española a una directiva europea para intentar un cierto control sobre los medios digitales como objetivo principal.
Los medios de comunicación próximos al Gobierno y los más explícitamente socialistas no han cesado de buscar debilidades del juez Peinado para desacreditarlo por atreverse a investigar a la mujer del presidente. Investigaban la propiedad de las casas en las que vivía, el número de carné de identidad que poseía, cómo lo utilizaba, llegaron a publicar que tenía dos DNI para disimular sus propiedades. Destacaban cada error en sus escritos, autos, o dictámenes. Cada corrección que recibía de la Audiencia de Madrid era considerando un triunfo por estos medios y un varapalo para el juez. No cesaron ni cesan en ningún momento esta acoso.
Por la Administración del Estado, todos los ministros han salido como un solo hombre a defender la inocencia de Begoña Gómez y demostrar el juez Peinado, aunque no debe extrañar esta actitud ya que son asalariados de Pedro Sánche y es lo menos que pueden hacer a modo de agradecimiento. El fiscal asignado al caso también insiste sin cansancio en el archivo del caso, en la falta de consistencia de la acusación, en que las posibles faltas o excesos profesionales de la mujer del presidente son faltas leves. Pero la Audiencia Provincial de Madrid no es de la misma opinión, considera que hay más que indicios de los delitos de Begoña Gómez y que, por lo tanto, debe ser procesada para dilucidar esos cinco posibles que les atribuye el juez instructor: malversación de caudales públicos, tráfico de influencias, corrupción en los negocios, apropiación indebida e intrusismo profesional.
Y con ello tiene que pasar la Semana Santa Begoña Gómez, aunque en el ambiente exclusivo del palacio de las Marismillas, dentro del envidiable entorno del parque de Doñana, le será mucho más llevadero el calvario.
En uno de sus arrebatos, Donal Trump, presidente de los EEUU, anuncia su deseo, o amenaza, de que su Norteamérica dejará la Alianza del Atlántico Norte porque el resto de los países europeos no secundan sus planes para atacar a Irán o para liberar le estrecho de Ormuz. Aunque los anuncios de Trump, por muy solemnes que los haga, no son dignos de crédito por la corta duración de su vigencia, por sus constantes cambios de criterio y por su inconsistencia, un somero análisis pone de manifiesto lo inútil de la amenaza.
La pertenencia de Estados Unidos a la OTAN no depende de la decisión de un presidente. La importancia de tal decisión implica a todas las instituciones de estadounidenses, especialmente al Congreso. Tendría que encontrar el respaldo de todas esas instituciones, cosa más que difícil en cualquier momento. Además, una decisión tan personal sería revocada por el próximo presidente en cualquier momento. Donald Trump pasará y sus arrebatos se perderán en el olvido o se mantendrán en alguna recopilación histórica de insensateces presidenciales. En algunas ocasiones se habla y se analizan las decisiones de Trump como si su mandato no expirase nunca. Al contrario, el actual presidente dejará de serlo muy pronto y la OTAN seguirán con su imprescindible función.
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