Mujer, vida y libertad

UN CAFÉ SOLO

Publicado: 19 ene 2026 - 04:55
Sonia Torres
Sonia Torres | La Región

Me han insultado. ¡Han dicho que a las mujeres como yo habría que llevarlas al paredón, violarlas, y echarlas a los gusanos! Que si no quería que eso me pasara, sólo tenía que ponerme el velo…” Son palabras de la madre de la autora iraní Marjane Strapi, que ésta recoge en su novela gráfica Persépolis, publicada entre el 2000 y 2001. Hace ya medio siglo que el mundo tuvo la ocasión de conocer la condena de las iraníes en su país. Aunque no fue exactamente un descubrimiento. La represión de la república islámica contra las mujeres comenzó en 1979, a la vista de todo el que quisiera mirar. Solo que quizás no interesaba entonces.

Más recientemente, en 2018, la abogada Nasrin Sotoudeh fue detenida por defender a otras mujeres que habían desafiado las normas quitándose el velo. Fue condenada a 38 años de prisión y a 148 latigazos. No ocupó mucho espacio informativo.

Miles de nombres anónimos sufrieron la ira del régimen. Aún así, continuaron en su desafío a la tiranía. El mundo las miró entonces, pero pronto apartó la vista buscando horizontes de mayor rédito.

En cambio, en 2022, el asesinato de la joven estudiante Mahsa Amini por mostrar parte de su cabello conmocionó por un momento al mundo. Comenzaron las protestas de las mujeres que quemaban su velo y se cortaban un trozo de pelo. Llegó el grito de “Mujer, Vida y Libertad”. La represión fue brutal, miles de detenciones, violencia letal, ejecuciones y abusos. Periodistas como Elahe Mohammadi, Nilufar Hamedi, Vida Rabbani o Ghazaleh Zareim fueron encarceladas. Las activistas por los derechos humanos Pakhsan Azizi, Verishe Moradi y Sharifeh tuvieron sentencias de muerte. Miles de nombres anónimos sufrieron la ira del régimen. Aún así, continuaron en su desafío a la tiranía. El mundo las miró entonces, pero pronto apartó la vista buscando horizontes de mayor rédito. Salvo quienes luchan, casi sin voz, por los derechos humanos en cualquier parte del mundo. Salvo las mujeres que siguieron hablando de ellas, al tiempo que no olvidaban a las afganas, a las secuestradas por Boko Haram y a todas las que son sometidas, desaparecidas, asesinadas, violadas y silenciadas en cualquier parte del mundo.

Ahora las iraníes han vuelto a la actualidad para esa parte que eligió no verlas.

Bienvenidas sean todas esas personas que acaban de descubrir la terrible situación en la que desde hace décadas viven estas mujeres, a las que ahora han decidido apoyar. Nunca es tarde cuando la causa es tan justa. Ahora bien, ser recién llegadas al horror de esta tiranía no otorga el derecho de acusar al resto, sobre todo a las mujeres, de callar y mantenernos ajenas a esta rebelión. No lo hemos hecho nunca, pero no nos querían escuchar. Demasiado feminismo. Y por supuesto, solidarizarse con las iraníes y su búsqueda de justicia no es incompatible con alzar fuerte la voz contra abusadores que se sienten impunes por poderosos y ponerse al lado de todas las víctimas. No tenemos dudas.

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