Jacinto Seara
El mundo que nos quieren imponer
Vivimos una época en que la tradición es un lastre para los planes de ingeniería social que el wokismo dominante nos quiere hacer retroceder más de un siglo para volver al llamado paraíso colectivista, cuyos efectos vivíamos el siglo pasado, especialmente en la Unión Soviética y sus satélites. En sus raíces iniciales está la extirpación de todo lo religioso, lo lógico es que todo eso sea algo a extirpar. Es por lo tanto más práctico para los que se autoproclaman progresistas que la gente sustituya a Dios por el Estado o por la Naturaleza, porque así logran dar legitimidad a su voracidad transformadora. Notemos que al progresismo le molesta el cristianismo, pero no las demás religiones.
A este paso cumpliremos el sueño del posmodernismo: ver la historia como un conflicto entre dominadores y dominados invisibilizados
La historia los desmiente, así Dalmacio Negro escribió en “Lo que Europa debe al cristianismo (2004)” que fue lo que cimentó el progreso tecnológico y el desarrollo económico. Añádase que el cristianismo puso a la familia en el centro de la comunidad, para construir una sociedad basada en el bien común, limitando el poder civil con las nuevas congregaciones surgidas en la Edad Media, para conseguir los valores de igualdad, reciprocidad y libertad sobre los que se desarrollaron los derechos humanos, la solidaridad…
El wokismo, lo he escrito muchas veces, ataca a la raíz cristiana de Occidente, con el objetivo de que el llamado progresismo se convierta en el “sentido común”, con lo que nos quieren someter y eliminar la libertad de pensamiento antes que otras que vendrán después.
En todo este proceso estamos perdiendo nuestros anclajes con el pasado real. De hecho, la historiadora de Roma y Grecia más citada es Mary Beard, que en cualquier detalle de las civilizaciones que forjaron nuestro mundo ve la lucha de sexos y el machismo. A este paso cumpliremos el sueño del posmodernismo: ver la historia como un conflicto entre dominadores y dominados invisibilizados, que sirve de justificación pseudohistórica para sostener su modo de decir y actuar social y políticamente. Hemos dejado atrás Grecia, Roma, el cristianismo, el Renacimiento, la edad moderna y todos los avances sociales, racistas y de igualdad, producto de la puesta en práctica de la razón y la lógica. La Iglesia enseñó a occidente que el razonamiento era un regalo de Dios para controlar la naturaleza y conseguir bienestar.
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