Simone Saibene
El testamento de Ann Lee
HISTORIAS INCREÍBLES
Vivimos, creemos, un momento desconcertante de la historia. La verdad es que, en cada época, aquellos que la vivieron, tuvieron esa misma sensación de riesgo. En este nuestro tiempo confluye un pensamiento que suele denominarse machista, patriarcal, sexista, y en él la mujer aún no ha recuperado el derecho que le corresponde a ser respetada de manera justa. Siendo así, siendo ese el clima, a lo mejor no parece ajustado abordar el tema que nos ocupa.
Se celebra mañana el dogma de la concepción inmaculada de María. Creído desde los primeros siglos, fue definido en 1.894. El pensamiento en los creyentes era de un planteamiento sencillo: María fue preservada del pecado original ya desde el momento de la concepción. No puede, pensaron, tocar el pecado a aquella que portaría en su seno al Salvador del género humano.
Desde esta columna del domingo nos vamos a acercar, con su permiso, a tema tan importante y con la clara intención de reafirmar que, a la vista de lo que las ciencias saben, el planteamiento teológico no parece descabellado.
Esa sencillez del planteamiento, no es hoy tan simple, porque tengo la impresión de que el conocimiento teológico de nuestros contemporáneos, aunque parezca increíble, no llega ni a los tobillos de lo que sabían de teología nuestros medievos. Así confunden, actualmente, la Virginidad de María (que es otro tema) con su Inmaculada Concepción.
No vamos a traer aquí, las discusiones teológicas que se han vivido desde Lutero, Calvino y tantos otros. Tampoco las reticencias menores de los ortodoxos. Para eso acudan ustedes a los teólogos, investigadores y letrados, mucho más doctos.
Desde esta columna del domingo nos vamos a acercar, con su permiso, a tema tan importante y con la clara intención de reafirmar que, a la vista de lo que las ciencias saben, el planteamiento teológico no parece descabellado.
Acerquémonos hoy desde la Biología: En la niña (María) recién concebida ya existía lo que llaman los científicos “folículo primordial”: Los futuros óvulos, que terminarán de madurar en cada ciclo ovárico. Siendo sólo un feto ya era portadora germinalmente del óvulo que conformaría a Jesús, el Cristo.
En cualquier niña recién nacida, está presente cada óvulo que formará sus futuros hijos. Por eso también en María, recién nacida, ya estaba presente, pues, el óvulo que habría de conformar al que llamamos el hijo de Dios.
Si lo que toca a Dios lo pensamos límpido nos es fácil pensar en ella como purísima ya que era la portadora de la futura realización biológica del Salvador.
Dentro de nada nos acercará gozosa, a aquel niño que siendo Dios podría parecernos un casi nada, un pequeño e indefenso, que en sus brazos se acurruca.
Esa jovencita escogida para ser su madre le educará en el silencio familiar (al menos otros desconocidos 17 años) para tomar más tarde nuestras miserias, sobre su espalda.
Por eso, de vez en cuando llega diciembre precioso con ese frio, esos témpanos… y esa nieve blanquísima que los ángeles desparraman sobre las calles, tu barrio, las iglesias con sus campanarios y ese coro de gorriones que pululan... sobre la montaña. Trazaremos rutas, inventaremos los caminos o pisaremos aquellos otros que se inventan los jabalíes y las vacas. La naturaleza goza. Estalla.
Viene la nieve, decimos, y pone todo preciosísimo porque lo pinta el propio Señor a mano alzada.
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