Xavier Castro
A MESA Y MANTELES
Vida de una trabajadora en una fábrica conservera
¡ES UN ANUNCIO!
No me acostumbro y ya han pasado varios años. Años de Navidad sin ti.
No son iguales los villancicos ni las luces de las calles, en el barrio, el nuestro, han colgado unas amarillas, “fun, fun, fun”, siempre las miro juzgando lo desacertado del inglés. Pensé en cómo te reirías de mí por eso. Con tu risa infantil de adulto revoltoso. La que metías para dentro apretando los dientes. Y me dirías “Isa, es fum fum de Navidad” y me contarías que viene del catalán, del sonido del tambor, que a veces cambiamos las cosas sin motivo aparente. Que tampoco se dice Parfuá, que es Parfoish. Y casi puedo verte. Tú y tus datos inútiles siempre en el momento adecuado.
El bar está igual. Medio entero, medio no. Pero no estás tú. No he comprado adornos nuevos para el árbol, todos los árboles de todos los bares son iguales. Blancos y cansados. Echo de menos tus panxoliñas improvisadas en las horas muertas golpeando el taburete, el sofá de sky barato o cualquier cachivache imposible abandonado al alcance de la mano. La música está en todos lados, como siempre decías. Echo de menos que sin darme cuenta conviertas el Torgal en un centro de operaciones de intervenciones navideñas. Una base de mediación social. Sin ADN. Sin identificación.
Hace tiempo que trabaja en el bar un chico nuevo, creo que te gustaría. Juega al fútbol y a veces me recuerda a ti. En su manera de lidiar los conflictos. En evitarlos. Dice mecachis, como tú, y yo me escarallo de risa en silencio.
Este año no voy a abrir en Nochebuena, que los amigos tienen hijos, que los que no los tienen ya no son tan amigos. Que a lo mejor ya no estoy para estas. Que me gustaría decirte que todo sigue igual.
La Navidad sin ti es menos Navidad.
Hace tiempo que trabaja en el bar un chico nuevo, creo que te gustaría. Juega al fútbol y a veces me recuerda a ti. En su manera de lidiar los conflictos. En evitarlos. Dice mecachis, como tú, y yo me escarallo de risa en silencio. Seguro que te lo hubieras llevado a troulear. Le hablo mucho de ti, de tu manera torpe y disciplinada de caminar.
La Navidad sin ti es otra Navidad, dura menos días y las fiestas son más cortas.
Me gustaría escribirle a tu madre, decirle que baje, que tenemos que brindar. Reírme con el Dani del día que te vimos morrear, allí, a escondidas en la Alameda detrás del árbol de Navidad, que nos miraste de soslayo pero no abandonaste en tu cometido. Siempre te gustó morrear.
Pero lo que de verdad me gustaría es que fuese de nuevo esa Navidad.
Ahora, no antes, que aprendí mucho de todo este tiempo, que me costó mucho entender los comportamientos. Los colores. La serenidad. Que me gustaría que fuese aquella Navidad, pero no aquella edad.
La Navidad sin ti es otra Navidad, sin el Kirsch, sin la música de bailar. Y el banco de fumar que ya no está.
Tu marcha en Navidad lo cambió todo aquí adentro, donde están el esternón y los recuerdos. La Navidad ahora es Navidad sin ti.
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